Queridos hermanos y hermanas:
Seguro que durante el verano estamos disfrutando de días de descanso y diversión, momentos de encuentro, tiempos para lecturas, formación, actividades provechosas y, por supuesto, para la oración y la reflexión. Que todo nos ayude a renovarnos y tomar fuerzas para el nuevo curso.
Como ya está anunciado, del 22 al 25 de septiembre celebraremos la XXIV Semana de Pastoral con el lema «¡Qué hermosos son los pies del mensajero que trae la buena noticia!» (Is 52,7). Así pues, ya podemos preparar los caminos para participar en nuestra XXIV Semana de Pastoral y discernir cómo anunciar la buena noticia en la diócesis de León.
Desde ahora os invito a desear este significativo, diocesano, sinodal encuentro de comienzo de curso que nos ayuda a vivir y practicar la comunión, la participación y la misión como pueblo de Dios. Laicos, consagrados, ministros ordenados, mujeres y varones, jóvenes y mayores. Todos los que formamos la Iglesia que peregrina en León a través de las distintas instancias de pertenencia eclesial: parroquia, comunidad, centro educativo, movimiento, asociación, cofradía, grupo…
Pongámoslo como horizonte y compromiso cargado de esperanza para llegar al final del año jubilar con el impulso de un curso nuevo esperanzador. Invitemos a otros para preparar este acontecimiento y formar parte activa de él con nuestra imprescindible aportación.
En esta senda veraniega de preparación animémonos también a través de iniciativas que nos alienten. Por una parte, las peregrinaciones jubilares en la diócesis, ya sea a la catedral, a la basílica de la Virgen del Camino, al comedor de la Asociación Leonesa de Caridad o a la residencia de Fontanil de los Oteros.
Por otra parte, dos convocatorias eclesiales de gran importancia. En primer lugar, la Vª Jornada de los Abuelos y Mayores, el próximo 27 de julio, con el mensaje del papa León XIV sobre el tema que había elegido en febrero pasado el recordado papa Francisco: «Feliz el que no ve desvanecerse su esperanza» (cf. Eclo 14,2).
El papa León nos recuerda que la esperanza es fuente de alegría a cualquier edad. Evoca a Abrahán, Sara, Zacarías, Isabel y Moisés como ejemplos de personas de avanzada edad a las que el Señor invita a participar en sus designios salvíficos. Continúa señalando a los abuelos y mayores como signo de esperanza y nos invita a mirarlos en clave jubilar para encontrar con ellos liberación frente a la soledad y el abandono. Una «revolución de la gratitud y del cuidado» que implica un cambio de ritmo y es una motivadora responsabilidad de todos.
Finalmente, el mensaje del Santo Padre exhorta a vivir esperanzados sin volver la vista atrás y cita al papa Francisco en su último ingreso en el hospital, cuando dijo que, aunque el físico estuviera débil, nada podía impedir amar ni rezar.
La segunda convocatoria de Iglesia universal que os invito a tener presente es el Jubileo de los Jóvenes en Roma, donde participará un buen número de nuestra diócesis. El encuentro será similar a las jornadas mundiales de la juventud. Los jóvenes son el presente de la Iglesia y de nuestra diócesis. Necesitan nuestro acompañamiento y apoyo, nuestra confianza y oración.
Con ellos y con todos, hermanos y hermanas, recorreremos los caminos que nos lleven a discernir cómo anunciar hoy la buena noticia de Jesucristo en la diócesis de León. Os deseo un verano jubiloso lleno de esperanza.
Con mi afecto y bendición.
✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León







