Liturgia Dominical – «EL PAN QUE YO DARÉ ES MI CARNE»

Mons. José Manuel del Río Carrasco – (Diario de León, 07/06/2026)

En dos ocasiones celebramos los cristianos el misterio eucarístico a lo largo del Año Litúrgico: en la Misa Vespertina del Jueves Santo, cuando hacemos memoria de la Última Cena del Señor, y en la Fiesta del Corpus Christi, situada como un faro luminoso entre el final del Tiempo Pascual y el inicio del Ordinario. Después de la misa del Corpus, se prevé una procesión, pero, esta vez, se la hace salir de la Iglesia, se la lleva por las calles y plazas para adorar con himnos y cantos el sacramento que manifiesta el culmen del amor de Dios por los hombres. Sin olvidar que la Eucaristía es el sacrificio de la cruz presente sobre el altar y hecha actual para los hombres de todas las generaciones, la liturgia de hoy exalta la hermosura infinita del pan eucarístico y alaba con toda la potencia de la mente y del corazón a Cristo, Dios y hombre verdadero, que se ha quedado para siempre cercano a los hombres.

La primera lectura del Libro del Deuteronomio, nos invita a meditar sobre el alimento milagroso con el que Dios nutre a su pueblo en la peregrinación hacia la tierra prometida. La segunda lectura de esta Solemnidad es brevísima: sólo son dos preguntas. Pablo recuerda de este modo a los Corintios, y a nosotros, también, que bebiendo el cáliz eucarístico se bebe la sangre del Señor y, comiendo el “pan partido”, es decir, ofrecido en sacrificio, se come el cuerpo de Cristo. Dudar de ello es lo mismo que renegar de la fe. Por fin, el Evangelio nos propone hoy un pasaje del Discurso de Jesús en la Sinagoga de Cafarnaúm, donde afirma: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que come de este pan vivirá siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”.

Hermanos, el Señor nos manda: “haced esto en memoria mía”; nosotros, por nuestra parte celebramos la Eucaristía con fe y devoción. Ante la Hostia solo nos brota una humilde y confiada plegaria: “Buen pastor, pan verdadero. Oh Jesús, ten piedad de nosotros”.