«Misioneros de esperanza entre los pueblos»

Queridos hermanos y hermanas:

En este octubre misionero nos inspira el mensaje que dejó escrito el recordado papa Francisco para el DOMUND 2025 del Año Jubilar con el lema «Misioneros de esperanza entre los pueblos».

En él invita a cada cristiano y a la Iglesia entera a tener presente la vocación de mensajeros y constructores de esperanza por medio de lo que podemos considerar corresponsabilidad misionera personal, espiritual y económica, puesto que el Señor nos hace partícipes de la misión más que colaboradores parciales.

La admirable tradición misionera de la Iglesia diocesana de León nos implica en esta Jornada Mundial de las Misiones de manera particular con los denominados territorios de misión. Estos son un tercio de las diócesis del mundo en las que están la mitad de las escuelas y el 30 por ciento de las instituciones sociales de toda la Iglesia Católica. Conviene recordarlo.

El papa Francisco nos recuerda en su mensaje que Cristo es modelo y fundamento de la esperanza. El Maestro, que pasó haciendo el bien y curando a todos del mal y del Maligno (cf. Hch 10,38), devolviendo la esperanza en Dios a los necesitados y al pueblo, nos enseña a ser discípulos misioneros de esperanza entre los pueblos y entre las personas.

Francisco señala que Jesús continúa su ministerio de esperanza a través de la comunidad de sus discípulos misioneros. Por medio de los misioneros y misioneras en otros pueblos y de cada uno de los diocesanos, también misioneros, el Señor hoy prolonga su misión y sigue inclinándose ante cada persona pobre, afligida, desesperada y oprimida por el mal, para derramar sobre sus heridas «el aceite del consuelo y el vino de la esperanza» (Prefacio “Jesús, buen samaritano”).

Glosando el primer número de Gaudium et spes, el pontífice afirma en su mensaje: «Siguiendo a Cristo el Señor, los cristianos están llamados a transmitir la Buena Noticia compartiendo las condiciones de vida concretas de las personas que encuentran, siendo así portadores y constructores de esperanza».

De este modo, animados por una gran esperanza, los bautizados y las comunidades cristianas podemos ser signo de una nueva humanidad. Lo hacemos apoyando los progresos de paz —como el de Oriente Medio— y los de bienestar. Unos y otros tienen que fundarse sobre la justicia.

Igualmente, renovamos la misión de la esperanza ofreciendo nuestra ayuda a los más pobres, débiles, enfermos, ancianos y excluidos de nuestro entorno más inmediato en León. Todo ello como personas de oración para mantener encendida la llama viva de la esperanza.

Esta Jornada del DOMUND, junto a nuestra participación corresponsable con las misiones fuera de España, nos compromete a renovar la misión de la esperanza aquí. Seamos sus artesanos, al tiempo que nos convertimos en convencidos cooperadores de la restauración que necesitan hombres y mujeres sedientos de esperanza.

Con mi afecto y bendición.

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León