2025 – Solemnidad de la Natividad del Señor

«¡Os anuncio una buena noticia!»

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

«¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena noticia, que pregona la justicia, que dice a Sión: «¡Tu Dios reina!» (Is 52,7). Esta manera de hablar que tiene Dios por medio del profeta anuncia el acontecimiento que transforma el mundo. Son esos pies, seguramente cansados, pero también benditos, los que hermosean porque traen la gran noticia.

La buena noticia que irrumpe en nuestro mundo y se expande hasta sus confines es que Dios nos consuela, nos libera, está con nosotros, cerca, dentro, al lado. Dios se nos entrega en persona. Ante este hecho asombroso y maravilloso surge con fuerza el canto, un cántico nuevo. La Navidad está llena de cánticos de alegría, de gloria, de luz, de amor porque verdaderamente ha nacido en la tierra el Hijo de Dios.

Dios nos ha hablado definitivamente por su Hijo, que es reflejo de su gloria y sostiene el mundo con su palabra poderosa. Se cumple el designio del Señor mucho más allá de lo esperado.

Dios ha querido comunicarse con los seres humanos de forma audaz: por su Hijo que nos habla de él y del Espíritu y nos dice cómo hablar de Dios Uno y Trino. La palabra del Hijo es la palabra de Dios Padre y del Espíritu Santo.

Esta palabra que ha acampado entre nosotros es la que anuncia el prólogo del Evangelio de Juan. Página gloriosa, profunda, teológica que nos acerca al conocimiento de Dios, de Jesucristo, de la encarnación que se expresa por medio de lo más profundo de Dios: su palabra.

Por su palabra crea todas las cosas, llama a sus elegidos, libera al pueblo, anuncia los tiempos nuevos. Por su palabra salva al ser humano. Por su palabra reina para que pueda reinar la paz pues los jefes de los pueblos solo han conseguido breves períodos entre guerras. Acojamos sin titubeos la palabra todopoderosa, Jesucristo, con gratitud y gozo. En este año jubilar, además, es palabra que restaura la esperanza.

En consecuencia, procuremos que nuestras palabras sean ecos de la Palabra del Padre: palabras que edifiquen fraternidad, que susciten reconciliación; palabras que lleven luz a los ojos que han perdido la claridad de vivir, que se conviertan en abrazo acogedor a los que están solos, heridos, enfermos, en situaciones difíciles; palabras que ofrezcan misericordia y amor de parte de Dios que enjuga los llantos de esta humanidad doliente que busca la felicidad y necesita recorrer el camino del Salvador hecho niño indefenso para llegar al reino de la luz, la vida, la paz y la justicia que anticipamos en el banquete eucarístico. Para quien quiero recibirlo es ¡Feliz Navidad!