Liturgia Dominical – JUNTO A JESÚS, MANSO Y HUMILDE

D. Florentino Alonso Alonso – (Diario de León, 04/07/2026)

A lo largo de varios domingos, la Palabra de Dios nos irá revelando los secretos del Reino de Dios y algunas de las actitudes vitales de los que pertenecen a él. El misterio del Reino pertenece al Padre y lo revela como un verdadero don gratuito a aquellos que él quiere. El evangelio de este domingo afirma claramente que Dios revela estas cosas a la gente sencilla. No ha buscado a los sabios doctores de la ley ni a los poderosos fariseos para afianzar su saber y dominio. Todo lo contrario, Dios escoge a los pequeños y a los sencillos porque tienen libre el corazón y viven apegados exclusivamente a su propia pobreza. Dios se resiste a los soberbios, por eso el mensaje de Jesús fue bien aceptado por aquellos que lo esperan todo de Dios, por aquellos que mantienen viva la esperanza, por aquellos que no buscan ni pretenden obtener un reconocimiento de orden político, social o económico. Al descubrirnos los secretos del Reino, Dios nos habla de libertad y sencillez (cf. Mt 11,25-30). Somos invitados a imitar la mansedumbre y la humildad de corazón del Señor y a vivir de manera distinta al estilo de vida que propone el mundo, a vivir según el Espíritu que habita en nosotros (cf. Rom 8,9.11-13).

La vida conlleva, sin duda, una fatiga, un peso difícil; y el seguimiento de Jesús se nos hace muchas veces muy duro. Pero Él se nos ofrece para compartir ese peso; de la carga no vamos a ser liberados, pues la vida hay que vivirla y cada cual hemos de aceptar su dureza y sus riesgos. Pero, si creemos en Él y nos dejamos echar una mano, la carga puede hacerse llevadera y hasta ligera. Él sí va a pedirnos que liberemos nuestro corazón de inútiles deseos y que no nos dejemos esclavizar por cosas vanas. Es cuestión de renuncia y desprendimiento, de despojo de tanto fardo superfluo. Por tanto, descubrir, entender y acoger a Cristo y su mensaje no es cuestión de inteligencia, ni de valía o esfuerzo personales. Es un don de Dios y se da a los que se acercan a Él humildemente, con sencillez y disponibilidad. Es en el silencio, en la oración, en la acogida de la Palabra y en la humillación, donde Dios se revela y se le descubre.