✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León
Queridos hermanos y hermanas: celebramos esta fiesta como pueblo de Dios que espera la llegada del Salvador por medio de la Inmaculada Virgen María.
Ella es una primera buena noticia, elegida para ser madre de Dios con el don de una concepción inmaculada. Así, fue ensalzada como mujer que hace frente al mal y sale victoriosa.
Al recibir el saludo de Gabriel, María conoce que está llena de gracia y el pueblo de Dios la nombra Inmaculada, Purísima, Nueva Eva. Celebrar este inmenso don de Dios todopoderoso, también nos recuerda nuestro horizonte de santidad a quienes peregrinamos con esperanza en la tierra.
Así, en medio de tinieblas y desesperación, de pecado y de hechos sin sentido, la celebración de la Inmaculada nos atrae y nos da esperanza con su sublime ideal de frescura, inocencia, liberación del pecado y triunfo sobre el mal.
Todo por el sí sagrado y humildemente firme de una mujer que permite que se haga realidad en ella la santidad a la que el corazón humano se siente elegido y destinado por Dios.
En medio de la oscuridad y el frío que percibimos, nos da luz y calidez mirar la verdad y la bondad de Dios por mediación de la Inmaculada Concepción, corona de su Hijo Jesucristo.
Como hemos escuchado en la carta a los efesios, estamos llamados a la plenitud de hijos e hijas de Dios «en la persona de Cristo». Mientras caminamos hacia esa plenitud, la buena noticia de la Inmaculada nos transmite que «en la persona de Cristo», antes que nosotros ella fue bendecida plenamente con toda clase de bienes espirituales y celestiales; fue elegida para ser santa e irreprochable por el amor; fue destinada a la plenitud de la gracia. Lo fue «en la persona de Cristo», por los méritos de Cristo, por quien nos viene la redención. Así esperamos nosotros ser bendecidos. Nos consuela y alienta esta espera de plenitud.
Miremos a la Inmaculada que nos invita a decir un sí esperanzado y esperanzador al plan de Dios para traernos fe y alegría, es decir, esperanza que no defrauda.
Preparemos así los caminos al Salvador en este Adviento. Unos caminos que acogen el proyecto de salvación de Dios para la humanidad, que quiere contar con la libre adhesión de cada persona humana, como contó con el sí de la Virgen María, la llena de gracia, la Inmaculada Concepción.
Amén.









