✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León
Hermanos y hermanas felicidades en este septenario de la Coronación Canónica de la imagen de Ntra. Sra. de los Dolores, a quien hoy estamos invitados a contemplar como Reina de la Familia. Una invocación mariana que san Juan Pablo II otorgó a la Iglesia incluyéndola en la Letanía Lauretana, para que la aclamemos con este título al tiempo que pedimos su intercesión por la familia llenos de esperanza.
Santa María de Nazaret, madre Dolorosa, junto a Jesús y a José, nos muestra que en la familia se recibe y conoce el amor de Dios, vínculo de la unidad perfecta. Amor que nos hace compasivos, bondadosos, humildes, pacientes, agradecidos y nos ayuda a sobrellevarnos mutuamente con la paz en el corazón, como dice la carta a los Colosenses. Vivir en el amor de Dios es “vivir en su casa” y hacer del propio hogar, de la familia, un lugar donde se hace hueco y habita el amor verdadero.
Invocar a María como Reina de la Familia es reconocerla patrona, protectora e inspiradora de las familias cristianas desde el amor de Dios. Es lo que se puede vivir en los hogares tomando como modelo la Familia de Nazaret, de modo que se fortalezca la unidad, la fe y los lazos familiares que se ven zarandeados por las dificultades y las diferencias.
En medio de una familia cristiana la Madre de Jesús es modelo de humildad, ternura, servicio, paciencia, acogida y comprensión e inspira unidad y confianza.
María también es luz de esperanza ante las adversidades, como el Evangelio de la huida a Egipto que hemos escuchado nos enseña. Un pasaje que, además, evoca las persecuciones y penalidades de muchas familias, singularmente las de los migrantes forzados, como nos hizo ver el papa Francisco.
Pidamos a Dios Padre, con la intercesión de la Virgen María, por todas las familias, sobre todo las que pasan por dificultades y sufrimientos. Particularmente ahora, pidamos por las familias de la diócesis de Astorga que han perdido un ser querido, sus casas, sus bienes, a causa de los incendios de este verano. Que les llegue el consuelo y la esperanza con la intercesión de Nuestra Señora de los Dolores, quien mejor comprende el dolor humano, y con la ayuda fraterna y solidaria.
Ofrezcamos este banquete eucarístico para que las familias vivan la alegría del amor y, como dijo Francisco en Amoris laetitia, eso sea el júbilo de la Iglesia que cantamos con santa María de Nazaret, Reina de la familia.








