2025 – San León Magno. Reunión de obispos, vicarios, delegados y arciprestes de la Provincia Eclesiástica de Oviedo

«La sabiduría es un espíritu amigo de los hombres»

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

Queridos hermanos obispos, sacerdotes, diácono, consagrados y laicos. Nos reconocemos necesitados de la sabiduría de Dios, espíritu amigo de los hombres, que llena la tierra y nos enseña a amar la justicia. Espíritu que es intuición interior para mirar con la mirada de Dios, a quien vamos conociendo y gustando cada vez más tal y como se nos ha revelado.

La sabiduría de Dios nos enseña a vivir en la esperanza y en el amor el evangelio de la atención a los pequeños, los débiles —en ocasiones nosotros— y a experimentar el perdón de quienes lo piden y lo conceden al primer asomo de arrepentimiento. «Perdonemos, para que se nos perdone; concedamos la gracia que nosotros pedimos», dice san León Magno, cuya memoria celebramos hoy.

San León describe en una de sus homilías sobre la Pasión del Señor el arrepentimiento y el perdón de san Pedro como una enseñanza magistral para comprender y practicar el perdón de manera continuada, como Jesús nos invita a hacerlo en el texto del evangelio de Lucas que hemos escuchado.

El Papa san León se fija en la mirada de Jesús que hace levantar su corazón tembloroso a Pedro para derramar lágrimas a las que atribuye la virtud del bautismo.

Recuerda cómo cuando Pedro resbala, como cualquiera de nosotros, pecadores, el Señor nos sostiene antes de caer a tierra e incluso nos da fuerzas para permanecer en pie. Porque Cristo ve en el hombre débil por el pecado, pero capaz de arrepentimiento, una firmeza conturbada, nunca una fe vencida ni un amor traicionado. San León ve en las lágrimas de Pedro el amor que no le falta nunca y sí limpia el temor, igual que descubre en el perdón a Pedro la fortaleza que restaura la voluntad quebrada.

Es tal el poder de las lágrimas de sincera aflicción; es tal el remedio del amor y del perdón, que la piedra sobre la que Jesús ha dicho que edificará su Iglesia recobra su solidez tras las sacudidas de las tres negaciones. Más aún, Pedro recibe una nueva y firme resistencia hasta el punto de no temer el suplicio de su propia pasión cuando había temblado en la de Cristo (cf. San León Magno, Homilía 9, 4; Migne 60; BAC 291, 250).

Que contemplemos las lágrimas del nuevo nacimiento de Pedro, como nos invita san León Magno, para descubrir en el perdón que debemos dar igual que imploramos, la mano del Señor que sostiene al hombre antes de caer y permite permanecer en pie venciendo el peligro con una firmeza intranquila, pero sin atisbo de fe vencida ni amor traicionado.

Pidamos a Dios su sabiduría, su amor, y el don de la humilde contrición, como tuvo Pedro, para que nos haga fuertes el perdón, de modo que no temamos ningún sufrimiento por Cristo, a quien queremos dar gloria con nuestras vidas mientras peregrinamos por esta tierra en amor y en esperanza.

Amén.