«50 años de una parroquia en el barrio»
✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León
Hermanos y hermanas, la acción de gracias por el cincuentenario de nuestra parroquia de san Antonio de Padua está llena de nombres propios. El primero Jesucristo, piedra angular de toda comunidad cristiana, que os preside resucitado. El segundo, el de su madre, Virgen del Camino, María Auxiliadora. El tercero, el del titular, san Antonio de Padua, de Lisboa o simplemente san Antonio, bautizado Fernando. Un modelo de discípulo misionero de Jesús, que predica a los peces cuando los hombres no quieren escuchar la Palabra de Dios.
Junto a estos, recordemos hoy con gratitud los nombres de personas de la parroquia que se han ido grabando en el corazón. Los párrocos diocesanos D. Víctor, D. Ramón y D. Antonio, desde 2013 Juanjo, salesiano, si bien los salesianos han estado desde el principio en la Fontana, con una ausencia cubierta por los Padres Eudistas. Añadid los nombres del primer al último bautizado, las personas acompañadas en Cáritas, en catequesis y en cada grupo parroquial.
Igualmente están escritos en el libro de la vida eclesial de esta comunidad desde los primeros hasta los últimos proyectos de una parroquia en el barrio, una parroquia que es columna vertebral, mente y corazón de este barrio. Todos los planes con el mismo empuje del Espíritu hacia una comunidad cristiana sinodal misionera que ahora se conforma en la unidad pastoral salesiana moderada por Juanjo, con la ayuda de sus hermanos, junto a san Martín de Armunia y san Miguel de Oteruelo.
Todos tenéis vuestros nombres grabados en la historia de estos cincuenta años llenos de gracia, perdón y esperanza. Con vuestros nombres propios dais nombre común a la historia de esta asamblea terrena que está unida con la celestial, la de nuestros hermanos difuntos ya junto a Dios libres de las preocupaciones de este mundo y convertidos en luces nuestras.
Para mirar al futuro como peregrinos de esperanza en este año jubilar, acojamos con fe la palabra de sabiduría que viene del Señor, tal y como la acogió y predicó con sus labios y sus obras san Antonio. Con esta esperanza que no defrauda alcanzaremos la vida sin fin que nos ofrece Cristo, con la gracia que hemos recibido según su medida, como dice la carta a los Efesios. Él que nos ha constituido a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores, hasta que lleguemos a la unidad de la fe en la diversidad, de tal forma que, yendo por el mundo a proclamar el Evangelio, muchos se encuentren con Jesucristo y sus nombres estén junto a él en el libro de la vida.
Queridos hermanos y amigos salesianos, sacerdotes, consagrados, laicos, este banquete de acción de gracias nos hermana, nos fortalece y nos lleva a celebrar con alegría nuestra historia parroquial, diocesana, eclesial y carismática con la riqueza del sueño de don Bosco.
Os invito a continuar este precioso camino de la Fontana dando lo que sois y tenéis en un vialucis de esperanza, siguiendo las huellas de Jesús, que pasó haciendo el bien, de modo que seáis «como granos que [amasados y horneados por el divino tahonero] hacen el mismo pan» de vida, de comunión y de misión.
Amén.








