La Diócesis recibe la Medalla de Oro de la Ciudad como aliciente “para seguir sirviendo al bien de todos”

  • El obispo Luis Ángel recoge “con emoción y gratitud” la más alta distinción de León en un acto institucional que ha acogido el claustro del Palacio Episcopal

El obispo de León, el padre Luis Ángel de las Heras, recogía esta mañana en nombre de la Diócesis legionense y de manos del alcalde de León, José Antonio Diez, la Medalla de Oro de la Ciudad, la más alta distinción que concede la corporación municipal, “por la labor que realiza desde su fundación en el cuidado y la asistencia a la ciudadanía y la protección al patrimonio del pueblo de León”. Un acto de entrega que acogía el claustro del Palacio Episcopal y que hacía efectivo el acuerdo municipal del pasado día 31 de junio por el que en sesión plenaria el Ayuntamiento de León decidía por unanimidad conceder la Medalla de Oro de la Ciudad de León a la Diócesis de León.

VALOR SINGULAR

“Con profunda gratitud y con la emoción que suscita un reconocimiento de tan alta significación” dijo recibir la distinción en nombre de toda la Diócesis el obispo Luis Ángel, quien destacó “un agradecimiento especial por el hecho de que el acuerdo de la concesión de la máxima distinción institucional de la ciudad haya sido adoptado por unanimidad, un respaldo de todos los grupos políticos que otorga a esta medalla un valor singular, que manifiesta el reconocimiento compartido de quienes representan legítimamente a los ciudadanos de León, donde la diversidad de sensibilidades ha coincidido en apreciar una historia común y un servicio que quiere seguir contribuyendo al bien de todos”.

También el pastor diocesano quiso subrayar el hecho de que “esta medalla lleva el nombre de la Diócesis de León, lo que significa que pertenece a una multitud de personas, de ayer y de hoy, y lleva grabados sus nombres formando comunidad, edificando comunión; los nombres de quienes a lo largo de los siglos han compartido las vicisitudes de León y han contribuido a su historia, han anunciado el Evangelio, han celebrado la fe y han sostenido la esperanza de nuestro pueblo”. Un reconocimiento que el obispo Luis Ángel quiso actualizar al señalar que “en el presente esta medalla también lleva los nombres de los sacerdotes, diáconos, miembros de la vida consagrada, seminaristas y fieles laicos y laicas que entregan generosamente su tiempo y sus capacidades al servicio de nuestras comunidades; los nombres también de quienes realizan una labor muchas veces silenciosa junto a las personas que sufren, con la discreción y cercanía del buen samaritano. Un amplio compromiso que se hace visible de manera particular en la acción caritativa de la Diócesis y en los numerosos grupos de voluntarios de parroquias, asociaciones, grupos, movimientos, cofradías… que acompañan a familias con dificultades, personas migrantes, enfermas y mayores, y a quienes carecen de los recursos para vivir dignamente”.

HISTORIA Y FUTURO, CAMINO COMPARTIDO

En presencia del obispo emérito, Julián López, integrantes de la curia diocesana y de los cabildos Colegial y de la Catedral, y de una amplia representación institucional de toda la sociedad leonesa con la corporación municipal en pleno al frente, el prelado legionense coincidió con el alcalde José Antonio Diez al hacer hincapié en la “profunda vinculación de la Diócesis con la historia de León que se remonta al siglo III” y en el reconocimiento a la labor de conservación del patrimonio histórico, artístico, bibliográfico y documental, con especial apunte a los más de mil templos y edificios repartidos por toda la geografía diocesana, como “valiosísima herencia recibida, por la que hemos de estar muy agradecidos todos los leoneses, una responsabilidad presente y un legado que debemos transmitir a las generaciones futuras; su conservación requiere esfuerzos, recursos y una colaboración leal y constante entre todos: os necesitamos, nos necesitamos porque estamos confiados los unos a los otros”.

Con la mirada puesta en el futuro el obispo Luis Ángel aseguró que “esta medalla es un estímulo para continuar sirviendo a León, sirviendo a cada persona” y precisó que ante los actuales desafíos “es preciso acompañar a quienes atraviesan situaciones de sufrimiento y soledad, y a quienes necesitan una educación y una vivienda dignas, un trabajo decente, y el debido respeto a su vida y a su integridad; cuidar ese patrimonio y favoreciendo una convivencia fundada en el respeto, el diálogo, la justicia, la igualdad y la paz, todo un programa al servicio del bien común”.

Y con una apelación a “continuar trabajando juntos, por León y por todos los leoneses y leonesas” concluía el obispo legionense su discurso de agradecimiento reafirmando que “la Iglesia diocesana desea seguir caminando con esta ciudad y compartir sus alegría, preocupaciones y esperanzas: nada nos es indiferente; queremos aportar desde nuestra identidad y nuestra misión aquello que hemos recibido como el mayor tesoro, el Evangelio de Jesucristo, fuente de alegría para cada persona humana, para toda la humanidad, Magnífica Humanidad, con la apremiante llamada a construir una sociedad mejor, un mundo mejor”. Una vocación compartida de servicio a la sociedad en la que coincidía el alcalde José Antonio Diez al hacer entrega de la más alta distinción de la ciudad quien, después de realizar un detallado repaso al papel histórico de la Iglesia de León, reconoció “la labor que viene realizando la Diócesis desde su misma fundación en el cuidado y la atención a la ciudadanía, y en la protección del patrimonio histórico, artístico y bibliográfico de la ciudad, desde un perspectiva basada en los valores de fraternidad, caridad y asistencia plasmados también en su labor pastoral y litúrgica”.