«Una familia servicial, vocacional y misionera»

Queridos hermanos y hermanas:

La segunda quincena de octubre nos ofrece diversos acontecimientos que se iluminan mutuamente y nos ayudan a reconocer lo que somos y aquello a lo que estamos llamados. La entrega de la Medalla de Oro de la Ciudad de León a nuestra Diócesis, el mes misionero y la celebración del Domund en su centenario nos invitan a agradecer, discernir y renovar nuestro compromiso como Iglesia que quiere ser cada vez más una familia servicial, vocacional y misionera.

La Medalla de Oro concedida por el Ayuntamiento de León es el máximo reconocimiento institucional de la ciudad. Agradecemos cordialmente al alcalde y a la Corporación Municipal esta distinción, aprobada por unanimidad. La recibimos con alegría y humildad, conscientes de que pertenece a cuantos han formado y forman parte de esta Iglesia diocesana y han dedicado y dedican su vida al servicio de Dios y de las gentes de León.

El expediente municipal reconoce la larga presencia histórica de la Diócesis, la atención pastoral y religiosa, el cuidado de las personas más vulnerables y la conservación del patrimonio histórico, artístico, bibliográfico y documental. Detrás de esas expresiones hay rostros concretos: laicos, sacerdotes, diáconos, personas consagradas, voluntarios, trabajadores, familias y comunidades cristianas. Hay también muchas acciones discretas de acogida, escucha, acompañamiento, investigación, formación, oración y ayuda.

Esta medalla honra la historia recibida y alienta nuestra misión presente como Iglesia-familia servicial en el presente. La acogemos como una llamada a continuar sirviendo a toda la sociedad leonesa, especialmente a quienes viven sin esperanza y sufren soledad, enfermedad, exclusión, falta de recursos, de una vivienda digna, de un trabajo decente… Además, nos anima a cuidar el patrimonio que pertenece a la memoria y a la identidad de nuestro pueblo. También nos compromete a mantener un diálogo respetuoso y constructivo con las instituciones y con todas las personas de buena voluntad.

Octubre amplía nuestra mirada hacia la Iglesia universal. Es el mes misionero y este año celebramos el centenario del Domund, instituido en 1926. Durante cien años, esta Jornada ha conectado personas y comunidades de todos los continentes mediante la oración, la cooperación y la solidaridad. Recordamos con especial gratitud a los misioneros y misioneras de León que anunciaron o siguen anunciando el Evangelio lejos de su tierra, y a quienes, después de regresar, continúan ofreciéndonos su testimonio y su colaboración generosa.

El Domund nos recuerda que la misión pertenece a todos los bautizados. Cada uno participa en ella según la vocación y los dones recibidos. La misión se vive en otros continentes y también en nuestras familias, pueblos, barrios, lugares de trabajo y ambientes educativos. Allí estamos llamados a transmitir la alegría del Evangelio, construir fraternidad y acercarnos a quienes necesitan consuelo, compañía y ayuda.

Con este horizonte celebraremos el envío misionero de toda la Diócesis. Será una ocasión para expresar juntos nuestra disponibilidad: «Aquí estamos porque nos has llamado». Durante la celebración recibiremos la segunda Carta sinodal de nuestra Iglesia diocesana, fruto de la reflexión, la oración y el discernimiento compartidos en la XXV Semana de Pastoral. Esta Carta quiere concretar comunitariamente las llamadas que recibe nuestra Diócesis para ser familia vocacional y ofrece orientaciones para responder a ellas.

Acojámosla con interés y responsabilidad. Leámosla personalmente y en nuestras comunidades. Permitamos que sus propuestas susciten diálogo, discernimiento y decisiones concretas. La Carta sinodal alcanzará su finalidad cuando se haga vida e impulse la comunión y la misión.

La Medalla de Oro nos recuerda una historia de servicio a las personas, no a las ideas. El Domund abre nuestro corazón al mundo. La Carta sinodal nos ayuda a caminar juntos acogiendo la vocación que cada persona bautizada ha recibido para vivir una «forma» de vida en la Iglesia.

Vivamos estos acontecimientos como una nueva llamada del Señor. Respondamos con gratitud, humildad y disponibilidad, dejándonos enviar: «Aquí estamos porque nos has llamado».

Con mi afecto y bendición.

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León