2025 – Misa Rito Hispano Mozárabe en Adviento

«Santa María, Madre de Dios, Esperanza nuestra»

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

Hermanos y hermanas, festejamos con alegría la cercanía del Nacimiento de Jesús y lo hacemos de modo significativo celebrando la Eucaristía en el rito Hispano Mozárabe em memoria de Santa María, Madre de Dios, Virgen de la Anunciación y del Camino, Virgen de la Espera y de la Esperanza que trae el Salvador.

La profecía de Miqueas anuncia la llegada del Señor que nos instruye en sus caminos para marchar por ellos. Sendas de justicia, de paz, de esperanza.

La imagen de los arados forjados de espadas y las podaderas hechas de lanzas es una visión esperanzada de paz y concordia. «Paz desarmada y desarmante», como nos invitó a mantener el papa León XIV, para que no alce la espada pueblo contra pueblo y cada persona habite en su casa sin ser molestada por nadie.

Un propósito esperanzado y esperanzador para construir un futuro en el que el Señor reúne a todas las ovejas —cojas, cansadas, afligidas— con el fin de ser resto y pueblo numeroso que viva en la paz anhelada.

De este modo, la profecía nos revela que la plenitud se dará a quienes, revestidos de Cristo, ya no somos esclavos, sino hijos de Dios y herederos de su Reino de paz, justicia y amor que llega a nosotros por el sí de la Virgen María, esperanza nuestra.

Ella «agraciada», amada por Dios (cf. Lc 1,28), acepta cumplir la voluntad del Padre y nos muestra cómo proclamar la paz, anunciar la buena noticia, pregonar la justicia y decir a León: Dios reina aquí, salvador y rey.

Él nos invita a transitar la senda de la esperanza alegre con humildad para que, quien deba hacerlo, se abaje sin demora de la opresión y muchos trabajemos por colmar de bienes a los hambrientos de pan y a los sedientos de vida nueva, de misericordia eterna, de Dios Salvador.

En esta celebración de Santa María, Virgen de la O, esperanza nuestra, evocamos agradecidos el misterio de la encarnación con el papel admirable de la Madre de Dios, nuestra Madre.

Con ella, estrella y camino, prodigio de amor que da su sí a Dios, peregrinamos hacia la novedad de Cristo; creemos en las promesas, soñamos y esperamos la Buena Nueva.

Amén.