«Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos» (1ª Jn 1,4)
✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León
Los testigos no solo son los que han visto con sus ojos y han tocado con sus manos, sino también los que creen, sin haber visto, que Dios se hizo hombre, habitó entre nosotros, murió por nuestra salvación y resucitó. Los testigos creen en la encarnación, el misterio que estamos celebrando en Navidad.
Queridos jóvenes papones: vosotros sois testigos que creen sin haber visto. Pero los testigos se convierten también en mensajeros que anuncian que esta Vida de Dios que se ha manifestado es la Vida eterna que estaba junto al Padre. Es Jesús, Palabra de Vida, Palabra del Padre. Con él ha triunfado la vida, la fuerza del amor entregado hasta la muerte que se ha transformado en Resurrección.
Los mensajeros lo anuncian para que todos vivan en comunión fraterna. Una comunión a semejanza de la que tienen el Padre y el Hijo con el Espíritu Santo, en la que cabemos todos.
Juan vio y creyó. Por su testimonio y anuncio nosotros creemos, igual que por los de Pedro y María Magdalena. Ella, que da la voz de alarma sobre el sepulcro vacío siente los latidos fuertes de su corazón sin saber muy bien por qué una vez más. El amor de Jesús hace latir el corazón de una manera única, distinta, incomparable. Lo ha experimentado también Juan reclinando su cabeza en el pecho de Jesús. Lo ha experimentado duramente Pedro con amor, traición y perdón.
Los tres, con sus tres formas de creer, amar y esperar, corren al sepulcro y esperan, aún sin saberlo muy bien, la sorpresa de Dios. Esta vez, la tumba de Jesús vacía.
Ellos fueron los primeros testigos que vieron y creyeron y, en consecuencia, fueron los primeros mensajeros de la buena noticia que había sido profetizada desde antiguo y anunciada la otra noche santa, la del Nacimiento de Jesús hombre y Dios.
Juan, Pedro y María Magdalena conocieron al amor, y es la respuesta a este amor lo que les mueve y lleva al encuentro, lo que los lleva a ser mensajeros para correr a proclamar la paz, anunciar la buena noticia y pregonar la justicia.
La fe, el amor y la esperanza guían este camino. En Jesús se concentran todas las esperanzas y en Él se cumple lo que Él mismo había anunciado, la Vida nueva. El Padre ha dado la Palabra definitiva.
Que sepamos acoger esta Palabra, interiorizarla y ser sus mensajeros. Con alegría decimos con el salmista: Cantad al Señor un canto nuevo. La Salvación llega del Señor, y en adelante nuestra vida va a ser seguirle para siempre, y ayudar a los hermanos a encontrarlo.
El Señor está con nosotros. Lo vemos hoy hecho niño en Belén y con San Juan Evangelista lo vemos glorificado en su resurrección. Creed y anunciad, queridos jóvenes papones.
Amén.







