«Peregrinos de la esperanza en familia sinodal misionera»
✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León
Durante este Año Jubilar hemos caminado como peregrinos de la esperanza en la Iglesia que es familia de familias, decíamos en la Misa de apertura del Jubileo.
Hoy la familia diocesana de León se reúne también bajo el signo de la esperanza para clausurar el Jubileo Ordinario. Somos elegidos de Dios, santos y amados, como dice la carta a los Colosenses, y, por consiguiente, nos hemos de revestir de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia (cf. Col 3,12) para ser, ahora y en el futuro, «peregrinos de la esperanza en familia sinodal misionera».
En nuestra peregrinación personal y comunitaria durante este año, nos conviene revisar si hemos entrado en el misterio de gracia que es Jesucristo, nuestra esperanza y si hemos llevado esperanza donde hacía falta como misioneros de la esperanza. Hemos de revisar si lo hemos hecho como pueblo sinodal de la esperanza, «como granos que hacen el mismo pan» y no se disgregan dedicados solo a sí mismos o a su entorno más cercano.
Revisarnos nos ayudará a mejorar nuestra comunión fraterna, nuestra evangelización misionera y nuestra misión samaritana para proclamar la paz, anunciar la buena noticia y pregonar la justicia como hay que hacerlo en la diócesis de León en este momento de la historia.
Nos recuerda el Papa que el mundo sigue hoy hambriento de esperanza y de paz. Ciertamente no han cesado las guerras ni la violencia y nos desesperanzan las migraciones forzadas, las enfermedades sin medios de tratamiento, la injusticia, el hambre, la pérdida de libertad, la trata de personas, la soledad no deseada, la vida y la muerte sin sentido.
Pero nosotros, lejos de pensar que no hay nada que hacer, estamos llamados a vivir y sembrar una esperanza perseverante, que no flaquee porque sabemos que Jesucristo la sostiene. Como María y José, confiemos en el Señor que nos guía para hacer frente a cualquier contratiempo y encaminarnos donde él nos muestra su protección y amor.
Recordando la huida a Egipto de la Sagrada Familia, en nombre de Dios seamos acogedores con quienes se ven forzados a dejar su tierra; igualmente colaboremos con los que luchan contra la trata de personas, como el papa Francisco nos invitó a colaborar durante este jubileo. «Comunidades acogedoras y misioneras», por un lado, y «lucha contra la trata de personas», por otro, son expresiones de la esperanza en estos tiempos, como lo son el compromiso por la paz, el cuidado de la creación, la justicia y la fraternidad.
Nos ponemos bajo el amparo de la Virgen del Camino, Virgen de la Esperanza, que siempre nos muestra a Cristo vivo y glorioso, Spes non confundit, esperanza que no defrauda. Ella nos invita a anunciar la buena noticia de su Hijo, a proclamar la paz y a pregonar la justicia como «peregrinos de la esperanza en familia sinodal misionera». Que el alimento de la Eucaristía nos fortalezca para continuar el camino como el Espíritu nos inspire.
Amén.







