«Santo Cristo en el Año Jubilar de la Esperanza»
✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León
Querido D. Salvador…, queridos hermanos y hermanas, feliz fiesta de la exaltación de la santa Cruz que celebramos en Castilfalé ante vuestro Santo Cristo en este día en el que recibís una reliquia del santo sepulcro para colocar junto a la del Lignum crucis.
Agradecemos al P. Francisco Negral, ocd, carmelita descalzo que desde el monasterio Stella Maris, en el monte carmelo de Haifa, haya hecho posible tenerla aquí.
Un agradecimiento también a su hermano José Luis, igualmente carmelita descalzo de la comunidad de Medina del Campo que nos acompaña hoy.
Hermanos y hermanas, adoramos la cruz de Cristo que nos reconforta y llena de esperanza. Abrazarnos a ella debe disipar todo temor, toda sombra de muerte y fortalecernos para asumir nuestra cruz. Al contemplar a Cristo y venerar las reliquias celebramos la exaltación de la Santa Cruz en la que ha sido elevado el Hijo del Hombre para darnos vida, para que todo el que cree viva la alegría de esta vida y espere en la vida eterna.
En el encuentro con Jesús, que no hizo alarde de su categoría de Dios, sino que pasó por uno de tantos, se aclara el significado central de la Cruz: que Cristo ha muerto y resucitado por todos y por cada uno. Verdad que, si la pensamos bien, conmueve y transforma el corazón humano.
Por ello, proclamamos que Jesús elevado en la Cruz manifiesta el amor misericordioso de Dios. Ese amor que se experimenta singularmente cuando nos sabemos perdonados y nos convertimos en personas de fe, justas y misericordiosas.
La paz y la concordia que necesita nuestro mundo tienen respuesta en la cruz de Jesús y en el cambio de una existencia desesperada a la vida esperanzada en Cristo que lleva a la plenitud. La Cruz tiene la fuerza de hacernos pasar de la duda a la certeza reconociendo que todo es gracia y viene de Dios porque decir Cruz es decir salvación.
Por eso los cristianos creemos firmemente que, frente a cualquier desorden, injustica, violencia, miseria y sufrimiento, la restauración del bien y la consecución de la armonía y la paz están en el reconocimiento de Cristo crucificado, muerto, sepultado y resucitado.
Pidamos al Señor Jesús, mirando la imagen de vuestro Santo Cristo, el Lignum crucis y la reliquia de su santo sepulcro en este Año Jubilar de la Esperanza, que aumente nuestra fe para descubrir que la luz de Dios vence a las sombras, que donde hay fracaso y dolor llega el poder restaurador de su amor ilimitado; que Dios no solo se muestra en signos admirables, sino que se manifiesta, más aún, en la humildad de hacerse hombre y morir en un madero reservado a quienes desprecian los poderosos de la tierra. La cruz es muestra del inmenso amor con el que amó Dios al mundo entregando a su Hijo único para salvarlo por Él.
Renovemos en esta Eucaristía con gratitud nuestra adhesión a Cristo vivo en el año Jubilar de la Esperanza para entrar en la «fuerza desarmada y esperanzada» del amor de Dios que salva la humanidad de su destrucción.
Expresemos hoy con gozo la fe en la santa Cruz, el árbol de la vida nueva mientras miramos con fe, amor y esperanza al Santo Cristo, la reliquia del Lignum crucis de Castilfalé y ahora la del santo sepulcro con el compromiso de que cada uno de nosotros nos esforcemos por ser fieles discípulos misioneros de Cristo Jesús.
Amén.







