✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León
Queridas Discípulas, queridos hermanos sacerdotes, queridos hermanos y hermanas. El 5 de noviembre del año pasado dábamos gracias a Dios en la capilla de la Residencia Sacerdotal por el don del beato Pedro Ruiz de los Paños, mártir, por vuestra Congregación de Discípulas de Jesús y por la atención a los sacerdotes de la diócesis de León. Hoy incrementamos aquella acción de gracias a Dios por este caminar juntos —más de setenta años— con vuestro carisma sirviendo a los ministros ordenados, a sus familiares y a religiosos como los Padres Maristas en la Residencia Sacerdotal Nuestra Señora del Camino.
Recordábamos en aquel momento lo que hoy también es oportuno traer aquí: la convicción del beato Pedro de que el trabajo por las vocaciones sacerdotales es el apostolado nuclear en la Iglesia, como es nuclear su ofrenda martirial con el deseo y la decisión firme de “ser pulverizado por Cristo y, así, cantar la gloria de Dios”. Síntesis de vida y misión para él y para vosotras, queridas hermanas.
Así habéis formado una comunidad que ha acogido la fe y la llamada a servir viviendo en autenticidad como fermento de otra comunidad más grande, la de los residentes. Es justo reconocer a quienes viven bien la vida del Espíritu y la fe en Cristo Jesús, como hace Pablo en la carta a los colosenses.
Del mismo modo es justo reconocéroslo a vosotras, que habéis permanecido bien en la fe y en la vocación más allá de lo que humanamente se puede pedir, confiadas en la misericordia del Señor, como hemos orado con el salmo 51.
Dios recompensará vuestros desvelos coherentes con el espíritu de servicio que tanto ensalza el Señor, como vemos en el relato de Lucas con la suegra de Pedro que se puso a servirles después de ser curada.
Siguiendo las huellas de Jesucristo, que cuida y sana, vosotras habéis vivido en la Residencia Sacerdotal Nuestra Señora del Camino cuidando a todos, residentes, transeúntes, trabajadores y voluntarios. Habéis proclamado el Reino de Dios en medio de este hogar, contribuyendo a un clima espiritual en el que sostenerse, fortalecerse y dedicarse al ministerio ordenado liberados de algunas tareas que dispersan, como reflexiona san Gregorio Magno que tiene que hacer el pastor.
Con el agradecimiento y la huella de vuestra presencia alentadora en la Residencia sacerdotal, continuaremos el camino. Ahora depende de nosotros el cuidado del clima espiritual, al tiempo que hacemos memoria agradecida de vuestra historia, con el compromiso de vivir en el amor de Dios y mirar hacia adelante con esperanza, como este año jubilar anuncia. Una esperanza que comienza en cada corazón y en los labios que dan testimonio de que Dios ha estado grande con nosotros y por eso tenemos muchos motivos para la alegría.
El Señor nos inspire con el alimento eucarístico un alegre cántico de acción de gracias y de alabanza.
Que así sea.








