«Un solo Espíritu, una sola esperanza»

Queridos hermanos y hermanas:

El año pasado señalábamos la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos como especial signo de esperanza que se prolonga hasta 2026, cuando la celebramos bajo el lema «Un solo Espíritu, una sola esperanza», inspirado en el versículo de Efesios 4,4: «Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados».

Los materiales para la reflexión, la oración y las celebraciones de la Semana han sido elaborados por fieles de la Iglesia apostólica armenia, junto con hermanos y hermanas de las Iglesias armenias católica y evangélica. La revisión final de los textos la ha realizado el equipo internacional designado por el Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y la Comisión de Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias.

La Iglesia apostólica armenia es considerada una de las comunidades cristianas más antiguas del mundo y ha desempeñado un papel fundamental en la configuración de la identidad espiritual e histórica del pueblo armenio durante casi dos milenios. Desde el siglo IV, además de desempeñar su tarea de guía espiritual, la Iglesia ha custodiado las tradiciones, la lengua y los valores armenios, especialmente durante períodos de adversidad y dominación extranjera.

Esta Iglesia cristiana, que tiene una rica tradición ecuménica, da fortaleza y consuelo a los armenios hoy también. Lo muestra fielmente en el conflicto de Nagorno Karabaj, del que hemos tenido noticias, así como en el desplazamiento de la población de Artsaj. La Iglesia apostólica armenia es un faro de fe, de unidad y resiliencia para los armenios que sufren este drama y para los de todo el mundo, con el reconocimiento de la comunidad cristiana mundial.

Con los ecos del Jubileo recién concluido, podemos decir que quienes tenemos un solo cuerpo, un solo Espíritu, un Señor, una fe, un bautismo (cf. Ef 4,4-5), «somos peregrinos de la unidad» aferrados a la esperanza de la comunión plena de todos los cristianos. Esta intención debe espolear nuestra oración ininterrumpida todo el año, con especial intensidad durante el Octavario del 18 al 25 de cada mes de enero en el hemisferio norte.

La unidad no es un simple ideal, un pensamiento, un mero deseo ni una tarea propia de personas de buena voluntad. La unidad de todos los cristianos es un mandato divino que forma parte de nuestra identidad cristiana. El Cuerpo de Cristo es unidad en la diversidad y ha de estar unido para proclamar la paz, anunciar la buena noticia del Evangelio y pregonar la justicia.

El mandato divino de la unidad de todos los cristianos exige que oremos y evangelicemos caminando hacia la unidad del Cuerpo de Cristo, pues uno solo es el Espíritu que nos convoca, inspira y alienta. En consecuencia, es una la esperanza que nos da confianza y a la que hemos sido llamados por el mismo Espíritu de la comunión (cf. Ef 4,4).

Oremos y celebremos el don de la unidad, mandato y misión para los que seguimos siendo «peregrinos de la esperanza» cuando nos descubrimos «peregrinos de la unidad».

Con mi afecto y bendición.

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León