Liturgia Dominical – «APACIENTA MIS CORDEROS. PASTOREA MIS OVEJAS»

Mons. José Manuel del Río Carrasco – (Diario de León, 26/04/2025)

En el amanecer del Lago de Tiberíades, desde la orilla, gritó Jesús a aquellos siete discípulos que habían salido de nuevo a pescar: “Muchachos, ¿tenéis pescado?” “No”, le respondieron. El les dice: “Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis”. La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de los peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: “Es el Señor”. Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se tiró al agua. Luego, subió de nuevo a la barca, para arrastrar hasta lo orilla la red repleta de peces grandes; ciento cincuenta y tres. Y apostilla el Evangelista: “Aunque eran tantos, no se rompió la red”. Es inevitable el recuerdo de aquellas palabras de Jesús, ya en vísperas de su pasión: “Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí”.

Esta vez he tenido la curiosidad de examinar el verbo usado por el evangelista en este pasaje, para alcanzar su significación exacta. Dice el Diccionario griego: “Elko: tirar de, arrastrar, sacar, atraer hacia sí…” La actitud y esfuerzo de Pedro, tirando de la red, para sacar los peces. a tierra, viene a ser aquí la expresión perfecta de la fuerza de Dios en Jesucristo que, en virtud de su muerte en la cruz, atrae, arrastra hacia sí a todos los hombres, a toda la creación.

También las ovejas. Por tres veces preguntó Jesús al discípulo, en presencia de sus compañeros: “Simón, hijo de Juan ¿me amas más que estos?” A la triple respuesta del discípulo: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”, Jesús correspondió con el encargo: “Apacienta mis corderos. Pastorea mis ovejas”. Apacentar, llevar, conducir, defender, mantener la unidad, alimentar con buenos pastos a las ovejas y a los corderillos; convivir con ellos. Todo eso y más lleva consigo el ministerio pastoral confiado a Pedro. Es la misión de la Iglesia de Jesucristo, en toda su amplitud, con toda su carga de responsabilidad.