• La Diócesis clausura la ‘Campaña del Enfermo 2026’ con la celebración que acogerá este próximo domingo día 10 a las 19:30 horas la Basílica de San Isidoro desde el lema ‘Amar llevando el dolor del otro’

La Diócesis de León se sumará este próximo domingo día 10, coincidiendo con el Domingo VI del Tiempo de Pascua, a la celebración de la XXXI Pascua del Enfermo que con el lema ‘Amar llevando el dolor del otro’ pondrá el broche de cierre a los actos de la ‘Campaña del Enfermo 2026’, con una eucaristía a las 19:30 horas en la Basílica de San Isidoro con intérprete en lengua de signos.

‘COMUNIÓN Y ESPERANZA ANTE LA ENFERMEDAD’

Desde el Área de Pastoral de la Salud, que promueve esta celebración y que ha organizado desde el pasado día 11 de febrero, en la memoria litúrgica de Ntra. Sra. de Lourdes y Jornada Mundial del Enfermo, las distintas actividades de esta ‘Campaña del Enfermo 2026’, se ha recordado el mensaje del Papa León XIV cuando afirma que “la enfermedad es un lugar privilegiado de encuentro con Cristo y el sufrimiento, cuando es acompañado con amor, se transforma en espacio de comunión, dignidad y esperanza”. Una Campaña del Enfermo que a lo largo de tres meses ha incluido celebraciones comunitarias del sacramento de la unción, la presentación del documental ‘El tren de la esperanza’, la participación en las Jornadas Interdiocesanas de Pastoral de la Salud en la Diócesis de Astorga, la L Peregrinación diocesana con enfermos a Lourdes y una Jornada diocesana de pastoral de la salud en las que “se han ofrecido espacios de encuentro, oración y celebración para ayudar a vivir la enfermedad no desde el aislamiento, sino desde la comunión y la esperanza cristianas”. Además, desde el Área de Pastoral de la Salud se ha mantenido un trabajo constate para “fortalecer una pastoral de la salud cercana, coordinada y encarnada en la realidad, que tenga en cuenta no solo a los enfermos, sino también a sus familias, cuidadores y profesionales sanitarios”.

Para el responsable del Área de Pastoral de la Salud, el doctor Fernando Escalante, “esta celebración de la Pascua del Enfermo es una ocasión para agradecer a tantas personas que colaborar en el cuidado y el acompañamiento de las personas enfermas, cómo hacen posible cuidar a los cuidadores, y cómo ayudan a afrontar las situaciones de la enfermedad y de soledad, inspirados todos por esa segunda parte del lema de este año, ‘Lo llevó a una posada y lo cuidó’, que nos habla de que el Buen Samaritano nos necesita, necesita que estemos para cuidar, con las manos abiertas desde esa posada que es la Iglesia universal y el posadero que es cada uno de nosotros, con los brazos abierto y el oído bien despierto para escuchar con atención y cercanía, con compasión que nos hace estar cerca del que sufre, no solo en los hospitales, también en las residencias, en el voluntariado, en las parroquias, con la proximidad con los prójimos desde un acompañamiento activo siempre”.

JORNADA DIOCESANA DE PASTORAL DE LA SALUD

Y desde esa invitación a la cercanía y al acompañamiento, en los prolegómenos de esta celebración de la Pascua del Enfermo, el Área de Pastoral de la Salud ha organizado una Jornada diocesana que acogía ayer el Museo Diocesano y de Semana Santa, con la intervención de la profesora de la Universidad de León, Marina Morla, que abordaba el tema ‘¿Puede un algoritmo cuidar? Inteligencia Artificial, Bioética y Asistencia Religiosa en la Salud Pública’. Una reflexión en la que esta doctora en Derecho reflexionó sobre la cuestión de “qué lugar ocupa el cuidado humano cuando la medicina se vuelve cada vez más tecnológica, una medicina cada vez más personalizada, con gestión de datos, con diagnósticos más eficaces, algoritmos que ayudan a orientar tratamientos, todo lo cual es muy valioso pero que también plantea la cuestión de si una máquina pueda ayudar a curar pero no a cuidar, a acompañar a la persona en su vulnerabilidad, sostener su esperanza, escuchar su miedo, respetar su dignidad, no dejarla sola, y ahí es donde la labor de las personas que acompañan adquiere un valor enorme”. A partir de ese subrayado al papel clave de los cuidados y los cuidadores en un escenario médico y de salud pública cada vez más condicionado por la tecnología la profesora Marina Morla señaló como referencias de orientación en este contexto la utilización de la “tecnología con criterio, la ética con sentido y la espiritualidad con presencia” con principios ya consolidados en la Bioética para afrontar la corriente que “está llevando a tratar a los pacientes como un conjunto de datos y no como una persona, en todas sus dimensiones, como lo que realmente es, lo que lleva a que los principios clásicos de autonomía, beneficencia, no maleficencia y la justicia estén evolucionando hacia una perspectiva que necesariamente tiene que estar orientada hacia el cuidado integral, a la escucha de los pacientes, algo que en muchos casos implica también un cuidado espiritual, para que la aplicación de la inteligencia artificial en el plano de la salud sea plenamente ética”.