Queridos hermanos y hermanas:
Celebramos el Día del Seminario 2026 en torno a la solemnidad de san José con el lema «Deja tus redes… y sígueme», una preciosa llamada evangélica que nos invita a volver al origen de toda vocación: el encuentro personal con Jesucristo, que llama desde la amistad y propone una vida entregada por amor. Dios tiene siempre la iniciativa y todos recibimos el exigente y, a la vez, gozoso regalo «interactivo» de la vocación, para ser acogida y vivida con alegría (cf. Christus Vivit, 289).
Nuestra diócesis de León, marcada por una rica y dilatada historia cristiana, vive hoy realidades diversas que nos plantean no pocos desafíos. Junto a la concentración de población en la ciudad y su alfoz, experimentamos la despoblación y el envejecimiento de amplias zonas rurales, donde muchas comunidades pequeñas siguen manteniendo viva la fe con un esfuerzo y una fidelidad admirables. Así lo he podido comprobar en la visita pastoral, y es un motivo constante de acción de gracias a Dios. En este contexto, la vocación sacerdotal se revela como un don precioso y necesario de manera nueva, llamado a sostener la esperanza, acompañar la vida y tejer comunión fraterna allí donde parece crecer la fragilidad.
El Evangelio nos recuerda que los primeros discípulos, «dejándolo todo, lo siguieron» (Lc 5,11). Dejar las redes no fue para ellos una pérdida, sino el inicio de una vida nueva, más plena y fecunda. También hoy, seguir a Cristo como sacerdote no empobrece la existencia, sino que la enriquece, ensanchando la mente y el corazón para vivir arraigados en Cristo y disponibles al servicio del Pueblo de Dios.
En medio de un mundo marcado por la prisa, la polarización, la crispación, la dispersión y, a veces, la desconfianza, muchos sacerdotes de nuestra diócesis son testigos y misioneros cercanos y silenciosos de la alegría del Evangelio, de la paz y de la justicia. En parroquias, hospitales, residencias, centros educativos, movimientos, cofradías y grupos diversos, mediante su servicio litúrgico, pastoral, caritativo o sencillamente vecinal, acompañan la vida cotidiana de las personas, celebran los sacramentos, visitan a los enfermos, a los ancianos, a los que viven solos y sostienen la fe de quienes, aun con dificultades, no dejan de esperar. Lo hacen tanto en la ciudad como en pueblos grandes y pequeños, en ocasiones generando sinergias entre parroquias urbanas y rurales.
El Día del Seminario es una ocasión propicia para agradecer y cuidar este don, acompañando con oración, cercanía y responsabilidad a nuestros seminaristas y sacerdotes, que han sido llamados a dejar sus redes y seguir al Señor de este modo. Al mismo tiempo, hemos de alentar procesos de discernimiento y acompañamiento vocacional en unas comunidades cristianas que ayuden a escuchar la llamada del Señor y que sostengan, con cariño, gratitud y compromiso, la vida del seminario diocesano y de los sacerdotes como de todas las vocaciones.
Acudamos a la oración confiados y esperanzados para pedir al Señor que nos enseñe a caminar en nuestra Iglesia diocesana cerca de los jóvenes que reciban su llamada al sacerdocio ministerial, de tal forma que sean capaces de dejar sus redes y seguirle contando con nuestro apoyo firme y decidido.
Que la Virgen del Camino, san José y san Froilán intercedan por nuestros seminaristas y sacerdotes para que, en cada rincón de nuestra diócesis, sigan siendo signo de esperanza y de amor entregado, servidores de la paz, de la buena noticia y de la justicia.
Con mi afecto y bendición.
✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León








