«Cuaresma que se hace conversión sinodal»

Queridos hermanos y hermanas:

Hemos comenzado la Cuaresma con el propósito de renovar y profundizar nuestro encuentro con Cristo, manantial de paz, buena noticia y justicia, como recoge la carta sinodal del curso. Los encuentros cuaresmales nos han ayudado en este sentido. En ellos hemos recibido vivos testimonios de cómo Jesucristo es el mensajero que viene proclamando la paz, anunciando la buena noticia y pregonando la justicia y nos invita a hacer lo mismo, de modo que vayamos cambiando hasta configurarnos con él.

Este impulso cuaresmal también nos sugiere que debemos abrirnos al don de la conversión sinodal. El documento final del Sínodo afirma que «la sinodalidad exige arrepentimiento y conversión» (DF 8). Y nos pide a las diócesis que continuemos el camino con una metodología sinodal, «identificando caminos concretos e itinerarios formativos para realizar una conversión sinodal tangible en las diversas realidades eclesiales» (DF 9). Para lo que hemos de tener conciencia de que la llamada a la misión es llamada a la conversión (cf. DF 11).

Debemos creer más en la conversión, esto es, confiar más en el Señor y escuchar con atención al Espíritu que guía nuestros pensamientos, sentimientos y acciones según la voluntad del Padre a través del seguimiento de Cristo como discípulos misioneros.

En esta Cuaresma, creamos, esperemos y crezcamos de modo que la conversión sinodal nos lleve a ampliar el espacio del corazón. Porque es el primer lugar donde resuenan nuestras relaciones, enraizadas en la relación personal con Cristo y su Iglesia. Y ahí podemos favorecer el encuentro con hermanos y hermanas, más allá de aquellos con quienes se está en la misma sintonía (cf. DF 110).

Esta ampliación del espacio del corazón nos lleva a proclamar la paz, igual que Cristo nos la ha proclamado a nosotros. Paz a los hombres y mujeres con modos diferentes de entender la vida. La paz fundamenta la cultura del encuentro, la fraternidad y la comunión que nos configura en León como Iglesia abierta, en salida (cf. Carta sinodal, n. 9).

Esta ampliación del espacio del corazón nos lleva a anunciar la buena noticia como el Señor nos la ha transmitido en el alegre encuentro con él. Allí donde estamos, allí donde vamos de camino y, particularmente, allí donde hay tristeza y dolor. En la vida cotidiana y en la vida extraordinaria. Allí donde anda el Señor, entre pueblos y barrios, entre muros y tendiendo puentes de compañía.

Esta ampliación del espacio del corazón nos impulsa a pregonar la justicia, como Cristo nos la ha pregonado susurrándonos al oído. Justicia que se ha de hacer acogida, escucha y acompañamiento, para asumir el sufrimiento ajeno como propio. Justicia que grita misericordia como nombre de Dios para restaurar la dignidad de quien la haya perdido.

Que el camino cuaresmal dé frutos de conversión sinodal en los testigos de la esperanza que no defrauda, discípulos misioneros con Espíritu que quieren seguir edificando una Iglesia de comunión, participación y misión en la diócesis de León.

Con las lágrimas del arrepentimiento y la alegría del corazón que desea ensancharse, miremos a la Virgen del Camino, Virgen de los Dolores y de la Esperanza de este pueblo peregrino que quiere asumir, como ella, los sufrimientos de Cristo y de la humanidad doliente que él ha redimido.

Con mi afecto y bendición.

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León