Queridos hermanos y hermanas:
El Día de la Iglesia Diocesana coincide este año jubilar con la fecha que señaló el papa Francisco para conmemorar a los santos, beatos y siervos de Dios en las Iglesias particulares.
Esta coincidencia nos permite celebrar el Día de la Iglesia Diocesana desde la vocación a la santidad de todos los bautizados y, en particular, de los que han peregrinado respondiendo a esa vocación y de quienes peregrinamos hoy con la llamada a ser bienaventurados en el Reino de Dios.
Decir y escuchar “Tú también puedes ser santo” resuena personalmente en cada bautizado, pero el hacerlo en el seno de la diócesis nos invita a descubrir la dimensión comunitaria de la vocación a la santidad, siguiendo las huellas de los extraordinarios testigos de la fe que nos preceden en el peregrinar de nuestra tierra de León.
No se trata de realizar ningún homenaje a estos testigos fieles de Cristo, sino de conocer, apreciar y agradecer su testimonio, que nos sirve de ayuda para recorrer el camino de la santidad a los que todavía somos peregrinos en esta tierra. Porque los santos nos muestran, más que su empeño humano, la acción de Dios en sus vidas.
Junto al santoral de la diócesis de León, que hemos de esforzarnos por celebrar como está establecido, en este día recordamos a otros hombres y mujeres que también pueden inspirarnos deseos de santidad y sendas para alcanzarla como meta de vida cristiana que eleva nuestro espíritu, nuestras actitudes, nuestras palabras y nuestras obras.
El papa Francisco, en su «Carta para conmemorar en las Iglesias particulares a sus Santos, Beatos, Venerables y Siervos de Dios» (Roma, 9.11.2024), nos invita a recordar a esposos que han vivido fielmente su amor abriéndose a la vida, así como a hombres y mujeres que, en sus diversas ocupaciones, han sostenido a sus familias y cooperado en la difusión del Reino de Dios.
En dicha carta menciona también a adolescentes y jóvenes que han seguido a Jesús con entusiasmo; pastores que, con su ministerio, han derramado los dones de la gracia sobre el pueblo santo de Dios; personas consagradas que, viviendo los consejos evangélicos, han sido imágenes vivas de Cristo Esposo. Incluso nos invita a recordar a los pobres, enfermos y todos los que sufren, quienes, en su debilidad, han encontrado apoyo en el «Divino Maestro».
El papa Francisco considera que todos estos ejemplos son propios de una santidad «cotidiana» y «de la puerta de al lado» en la que, afirma, la Iglesia siempre ha sido rica, tal y como lo explica él mismo en Gaudete et exsultate (cf. nn. 6-9).
Celebremos este año el Día de la Iglesia Diocesana haciendo memoria de los santos, beatos, siervos de Dios y otros modelos de santidad de la vida cotidiana y de la puerta de al lado que en nuestra Iglesia particular de León nos impulsan a responder a la vocación a la santidad de todos los bautizados convocados a peregrinar juntos y unidos.
Seamos así alegres mensajeros de la buena noticia (cf. Is 52,7) por medio de las actividades y compromisos de nuestra Diócesis de León, mientras decimos con alegre esperanza: “Tú también puedes ser santo”.
Con mi afecto y bendición.
✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León








