Queridos hermanos y hermanas:
Con gozo y agradecimiento a Dios, deseo felicitaros la Navidad, Buena Noticia de luz, paz, justicia y amor que producirá gran alegría en todo el pueblo, porque nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor (cf. Lc 2,10-11). Que la conmemoración del Nacimiento del Hijo de Dios restaure nuestras vidas, curando cualquier herida con ungüento de esperanza.
En la Noche Santa de la Navidad, imagino a los pastores deslumbrados por el fulgor angelical en medio de la oscuridad. El ángel vio sus semblantes y les invitó a no tener miedo. Imagino su desconcierto, su incredulidad inicial, que enseguida daría paso a la alegría de creer y al asombro que les hace ponerse en camino, corriendo para encontrar al Salvador.
Imagino a los pastores adorando a Dios hecho hombre, con el corazón postrado, rendido, arrebatado por el sol de aquel Niño —frágil y todopoderoso al mismo tiempo— que les impulsa a anunciar el gozo de la salvación que ha llegado a la tierra. No es mucho imaginar; es memoria presente de la Buena Nueva acaecida en la ciudad de David.
Ante la llegada de la Navidad, os invito a tener presentes a los hombres y mujeres que viven en sombras de muerte, de vacío, de frío en el alma. Necesitan conocer la Buena Noticia que ha acampado entre nosotros y permanece hasta el final. Han de escuchar la voz que trae la paz, la justicia, el amor y el calor que derrite el hielo de sus regiones sombrías.
Felicitar la Navidad ha de convertirse en un anuncio cálido de esta Buena Noticia. Para que unos recordemos y otros encuentren por primera vez este gozo incomparable: Dios y hombre que ilumina a los que viven en tinieblas y sombras de muerte, guiándonos por el camino de la paz (cf. Lc 1,79).
Felicitemos la Navidad a corazón lleno, repartiendo alegría y esperanza a todos, especialmente a quien se vea más acechado por los hielos de la soledad, el desánimo, la injusticia, la exclusión, el odio y el rencor. Porque con el Niño Dios ha amanecido el sol de la compañía, la esperanza, la justicia, la acogida, el amor y el perdón.
¡Feliz Navidad! ¡Cristo nace en León y en el mundo entero! Con la alegría de creer, hagamos vida del anuncio de la Buena Noticia y de esa vida en Cristo Jesús un anuncio gozoso y creíble del Dios digno de adoración y gloria, tal y como se revela, humilde y encarnado, en un pobre portal de Belén de Judá y en tantos rincones olvidados de la tierra.
Con mi afecto y bendición.
✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León








