Liturgia Dominical – «SUSCITARÁ UN PROFETA»

Mons. José Manuel del Río Carrasco – Diario de León (27/01/2024)

Investido con el poder del Espíritu tras ser bautizado por Juan, Jesús ha vencido ya en principio al tentador y ha comenzado a proclamar la llegada con Él del Reinado de Dios. Como los primeros discípulos que acaba de elegir, también nosotros, movidos por su llamada a «convertirnos y creer el Evangelio», queremos seguir atentamente su camino para ir constatando en Él al Dios que libera y salva. Es Marcos quien este año nos ayudará con su narración del Evangelio, domingo tras domingo, a dejarnos formar por Jesús como discípulos para llegar a ser también apóstoles de su Reino.

En la primera Lectura escuchamos el anuncio que ya hizo Dios por Moisés de «suscitar un profeta como él»: uno, pues, «en cuya boca pondrá sus mismas palabras y que dirá lo que Él mismo le mande». El Salmo nos invita a prestarle atención con total adhesión de fe, reiterando con insistencia: «ojalá escuchéis hoy su voz; no endurezcáis vuestros corazones». Y es que Jesús en el Evangelio se nos muestra hoy como ese profeta anunciado en Moisés. Se encontraba en Cafarnaúm, cuando llegado el sábado fue a la sinagoga. En ella se leía un pasaje de la Ley o de los Profetas, que después explicaba un escriba del lugar como maestro oficial. Había, sin embargo, costumbre de pedir que lo comentase alguno de los que estuviesen de paso y se le considerase capaz. Aquel día fue invitado a hacerlo Jesús y Él «se puso entonces a enseñar no como los escribas –que apoyaban su explicación en los maestros de prestigio que se solían citar–, sino con propia autoridad». El evangelista no se interesa tanto por informarnos de lo que Jesús pudo decir. Ha preferido dejarnos constancia mejor de la reacción que provocó en los oyentes su modo de hablar. Justo por ser esa, precisamente, la gran novedad que hoy nos quiere destacar.

De ahí que Pablo en la segunda Lectura no esconda su preferencia por el celibato con vistas a la evangelización, al suponer este una entrega más plena, «en cuerpo y alma», al «asunto» mismo de Jesús.