Liturgia Dominical – «PEDID Y SE OS DARÁ»

Mons. José Manuel del Río Carrasco – (Diario de León, 26/07/2025)

Abraham, el amigo de Dios, intercede ante Él por los habitantes de Sodoma y Gomorra: aquellas dos ciudades amenazadas de destrucción. Él confiaba en la justicia de Dios y su misericordia; él confiaba en su designio de salvación, y sin embargo no dejó de interceder. Y al Señor le agradó.

Pero mejor que Abraham, mejor que nadie ha rezado y nos ha enseñado a pedir al Padre del cielo el que es, desde siempre, el Hijo de Dios. Hoy viene de orar, y es uno de sus discípulos quien le rogó: “Señor, enséñanos a orar”. Y Jesús nos dejó entonces la oración del Padrenuestro, que es reflejo de su oración para todos los que en Él llegan a ser hijos de Dios. En ella nos enseñó a pedir todo lo que necesitamos para vivir. Y, sobre todo, la llegada a nosotros del Reino de Dios. Ya sabemos que Dios conoce nuestras necesidades. Estamos convencidos que, siendo un Padre bueno, nos lo concederá. Y, sin embargo, quiere que se lo pidamos. Sencillamente porque no se trata de lo que Él nos quiere dar, sino de la necesidad que nosotros tenemos de reconocer nuestra limitación; de la conveniencia de eliminar en nosotros mismos la autosuficiencia; de mantenernos en la verdad de que en Él hemos de apoyarnos.

Es muy sencillo y muy difícil, a la vez. El modo de rezar que Jesús nos enseñó no es complicado, ni agobiante, ni oscuro: es dirigirse con la confianza de un niño al Padre, que se sabe pendiente de él. Para pedirle, simplemente, lo que necesitamos para vivir. Pero es difícil en un mundo que cree solo en sus esfuerzos y posibilidades; es difícil en el seno de una cultura donde el hombre se tiene por el único protagonista de la historia y sus conquistas; es difícil en una sociedad donde solo se atiende a lo material; es difícil para un hombre habituado a mirar solo a la tierra sin levantar los ojos al cielo; es difícil para los que crecen y viven en un ambiente donde solo se cree en lo que somos capaces de conseguir con nuestras manos.

Pedid y se os dará, nos dice hoy el Señor. Sí, hermanos, es esto lo que Dios da, y nadie más: el Espíritu Santo que nos hace falta para estar en comunión con Él; para ser fieles a su voluntad; para lograr todo lo que el hombre puede mejor desear, para él y los demás. Se trata de orar para que se cumpla la voluntad de Dios, que es la que salva la ciudad de los hombres.