D. Florentino Alonso Alonso – (Diario de León, 31/05/2025)
Cuando era niño imaginaba el cielo como un lugar arriba, alegre y luminoso; luego me enseñaron que el cielo no es un lugar sino un estado. Se usa la palabra cielo porque las limitaciones que tenemos a la hora de expresar las experiencias más profundas obligan al lenguaje a recurrir a imágenes que por su impacto emocional puedan acercarnos a las realidades indecibles. Decir cielo, sabemos, es decir luz, altura, grandeza infinita, eternidad… El prefacio primero de la Ascensión resume los elementos que encierra esta solemnidad y puede ayudarnos a comprender su significado: «Jesús, el Señor, el rey de la gloria, vencedor del pecado y de la muerte, ha ascendido hoy ante el asombro de los ángeles a lo más alto del cielo, como mediador entre Dios y los hombres, como Juez de vivos y muertos. No se ha ido para desentenderse de este mundo, sino que ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con ardiente esperanza de seguirlo en su reino». Jesucristo, por su resurrección y ascensión, ha quedado hecho «Señor del universo». El Padre lo ha glorificado sentándolo a su derecha, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, poniendo todo bajo sus pies (cf. Ef 1,17-23). En verdad, la Ascensión representa el triunfo total de Jesucristo que asciende entre aclamaciones y al son de trompetas (cf. Sal 46). Ahora bien, esta fiesta nos lanza a la acción: no podemos quedarnos plantados mirando al cielo (cf. Hch 1,1-11), sino que tenemos que ser testigos de Cristo y predicar el Evangelio. El tiempo que sigue a la Ascensión, hasta la manifestación gloriosa de Cristo al final de los tiempos, es tiempo de trabajo y responsabilidad. La tarea que nos deja el Señor es que seamos personas ilusionadas en un mundo donde no sobra la esperanza; que mostremos un amor desinteresado en medio de una humanidad egoísta y que seamos testigos de los valores que no acaban en una sociedad centrada en lo inmediato y lo material. Miremos al Cristo que triunfa y eso nos dará fuerzas para seguir cumpliendo la tarea de cada día.








