Liturgia Dominical – FARISEOS Y PUBLICANOS HOY

D. Florentino Alonso Alonso – (Diario de León, 25/10/2025)

Una cosa es lo que aparentamos y otra lo que realmente somos. De ahí nacen la desconfianza y la hipocresía que destruyen la convivencia. Pero lo peor está en que de ordinario nos consideramos justos y seguros de nosotros mismos y echamos las culpas a los demás. Con la oración como tema de fondo, la Palabra de Dios de este domingo denuncia esta situación farisaica y nos llama a la conversión y a la sinceridad. La primera lectura nos presenta a un Dios justo, sin acepción de personas y que escucha la oración de los más pobres y atribulados. Un Dios abierto a la misericordia y al perdón, como corresponde al Dios del amor y de la alianza y cuyo conocimiento constituye la verdadera sabiduría (Eclo 35,12-14.16-19a). Con la parábola del fariseo y el publicano (Lc 18,9-14), dirigida a los que «confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás», Jesús nos pide que detectemos, a la luz de su Palabra, las zonas de fariseísmo que hay en nosotros. Somos fariseos cuando presumimos de ser mejores que los otros y los juzgamos y condenamos porque no son como nosotros. Somos fariseos cuando nos mostramos radicalmente exigentes con el prójimo y pensamos que Dios tiene que ser tan intransigente como nosotros. Somos fariseos cuando nos comparamos con los demás y rebajamos sus valores para que resplandezcan los nuestros… Así las cosas, los fariseos actuales no recurren a la oración, entendida como encuentro personal con Dios salvador, los sacramentos y los medios sobrenaturales; se bastan así mismos por su talento, por su compromiso, por sus obras. Al contrario, los publicanos de hoy sienten necesidad de Dios, de su ayuda, de su misericordia, de su perdón y su gracia. Por eso, a pesar de sus permanentes recaídas, se acercan a las fuentes de la gracia y del perdón. Y Dios les perdona y santifica. Dios no puede aceptar la oración soberbia del que se vanagloria ante Él, porque es una oración hecha desde el engaño. Sin embargo, escucha y acoge la oración humilde del que se siente pobre y pequeño ante Él, porque es una oración hecha en verdad. Ante esta disyuntiva, ¿cuál es la actitud de tu oración?