Liturgia Dominical – «EL QUE NO RENUNCIA A TODOS SUS BIENES, NO PUEDE SER DISCÍPULO MÍO»

Mons. José Manuel del Río Carrasco – (Diario de León, 06/09/2025)

Se dice que una cosa es auténtica, cuando es lo que debe ser. Y el ser humano se distingue de cualquier otro en que ha sido creado «a imagen del Creador». Por esencia, está llamado a entenderse con Dios y participar de su vida. Dios no es, de ninguna manera, lo que aliena al hombre, como algunos pensaron. Es más bien su vocación más genuina y vital. El único que puede saciar sus anhelos más profundos. Esta es la cuestión fundamental que nos plantea hoy la palabra del Señor, con un pasaje del libro de la Sabiduría.

Sí, para desvelarnos el camino que lleva a Dios ha venido Jesucristo, que es la sabiduría misma de Dios en persona. En Él se ha cumplido el auténtico ideal de lo que todo hombre está llamado a ser.

Se dirigía ya a Jerusalén para consumar ese su destino, que es el nuestro también. Mucha gente lo acompañaba. Pero Él va delante, a la cabeza, porque es el único que conoce bien el camino. En realidad, Él es «el Camino» mismo. Y hoy se vuelve, de pronto, para exigirnos algo que, en labios de cualquier otro, sonaría a fanatismo; nos pone una condición que solo Él se puede permitir: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío». No, Jesús no quiere componendas. No admite medias tintas.

Sí, en un momento u otro de la vida, el seguimiento de Jesús conlleva tener que renunciar: puede ser la decisión honesta ante un negocio fácil, pero no del todo limpio; o la negación a secundar un amor imposible; o la oposición a colaborar en una causa injusta; o la resistencia ante un ambiente que arrastra, en nombre de que hoy es lo normal…

A todos y a cada uno nos llega tener que tomar la cruz, por fidelidad al Evangelio, para poder compartir el destino de Jesús.