Liturgia Dominical – CRISTO, CORDERO DE DIOS

D. Florentino Alonso Alonso – (Diario de León, 17/01/2026)

En el evangelio de este domingo, el Bautista señala y califica a Jesús como «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29-34). El cordero es uno de los símbolos principales de la cristología del cuarto evangelio. Funde en una sola imagen la figura del Siervo de Yahvé y la figura del Cordero para aplicarlas a Jesús. El Cordero pascual es recuerdo y símbolo de la redención de Israel. Juan aplica esta comparación a Jesús, y lo llama «el Cordero que quita el pecado del mundo», porque carga sobre sí el pecado de los hombres y lo crucifica consigo, liberando al hombre de esta pesada esclavitud. Jesús es el Cordero Ungido, y Degollado, y Exaltado. Jesús es el Siervo de Yahvé. La primera lectura ofrece el segundo de los cantos del Siervo de Isaías (Is 49,3.5-6), cantos en los que el profeta describe al futuro Mesías y redentor del pueblo de Israel y lo presenta como el siervo sufriente que acepta pacientemente la persecución y las adversidades como intercesión y expiación de los pecados del pueblo. El siervo inocente se ofrece como cordero que carga sobre sí los pecados del mundo. Jesús es el Salvador del mundo. Cristo es el divino Cordero, comido en la Cena. Es el Siervo inmolado en la Cruz. Y Juan lo ha visto y da testimonio de ello.

Tenemos muchos medios y modos para descubrir a Cristo, Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y vivir cerca de él, sobre todo la Eucaristía. También podemos ponernos en relación con él por medio de la oración y la vivencia de la Palabra de Dios, el amor a los hermanos, la práctica de las virtudes… Pero, si queremos que quite nuestro pecado, es imprescindible acercarse a este Cordero de Dios mediante la conversión y la recepción del sacramento de la Penitencia. De nada sirve poseer muchas cosas para alimentarnos si luego nos morimos de hambre por no utilizarlas. Que Cristo sea el centro de nuestra vida, de nuestros actos, tratando de vivir en él y como él, para luego dar testimonio fidedigno también de él como hizo Juan Bautista.