D. José-Román Flecha Andrés -(Diario de León, 27/09/2025)
Con motivo de la Jornada mundial del migrante y del refugiado, que se celebra el día 5 de octubre, el papa León XIV nos ha invitado en este año jubilar a reflexionar sobre el vínculo entre esperanza, migración y misión.
- Para comenzar, ha evocado el contexto mundial, marcado por las guerras, por la violencia, las injusticias y también por los fenómenos meteorológicos extremos, que obligan a millones de personas a abandonar su tierra natal en busca de refugio en otros lugares.
- La búsqueda de la felicidad —y la perspectiva de poder encontrarla en otro lugar— es ahora una de las principales motivaciones de la movilidad humana. De hecho, los migrantes y los refugiados vuelven su mirada a un futuro en el que esperan gozar de la felicidad y del desarrollo humano integral.
- En un mundo oscurecido por guerras e injusticias, los migrantes y refugiados llegan como mensajeros de esperanza. Su valentía y tenacidad son un testimonio heroico de la fe. Esa fe les ayuda a desafiar la muerte. Y muchos migrantes, refugiados y desplazados son testigos de la esperanza, a través de su confianza en Dios y de su resistencia a las adversidades.
- Además, los migrantes y refugiados recuerdan a la Iglesia su dimensión peregrina, orientada a la patria definitiva y sostenida por la virtud de la esperanza. Si la Iglesia se acomoda y deja de ser el pueblo de Dios peregrino hacia la patria celestial, deja de estar “en el mundo” y pasa a ser “del mundo”.
- Los migrantes y refugiados católicos pueden convertirse en misioneros de esperanza en los países que los acogen. Pueden abrir caminos de fe allí donde el mensaje de Jesucristo aún no ha llegado. Y pueden iniciar diálogos interreligiosos sobre la vida cotidiana y sobre la búsqueda de valores comunes.
- Con su entusiasmo espiritual y su dinamismo, pueden contribuir a revitalizar comunidades eclesiales rígidas y cansadas. Así que su presencia debe ser apreciada como una bendición divina y como una oportunidad para abrirse a la gracia de Dios, que da nueva energía y esperanza a su Iglesia.
- Por otra parte, las comunidades que acogen a los migrantes pueden ser también un testimonio de esperanza. Una esperanza que lleva a reconocer la dignidad de todos como hijos de Dios. Los migrantes y refugiados han de ser acogidos como hermanos, como parte de una familia en la que pueden participar plenamente y expresar sus talentos.
El Papa pide a la Virgen María, consuelo de todos los obligados a emigrar, que mantenga viva en sus corazones la esperanza. Y que los ayude a construir un mundo que está llamado a parecerse cada vez más al Reino de Dios. Esa es la verdadera Patria que nos espera a todos al final de nuestro viaje por la tierra.








