2025 – XVIIº Domingo del Tiempo Ordinario. Centenario de ANFE

«Señor, enséñanos a orar y a adorarte»

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

Hermanas de la adoración nocturna femenina, consiliario, hermanos y hermanas todos. El Señor Jesús, por medio de su ejemplo y su palabra nos enseña a orar y a adorarle a él. Es decir, a hacer vida la contemplación, la mirada interior hacia él, Cristo vivo, presente en la Eucaristía y en nuestros semejantes. Lo hacéis tal y como inspiró el Señor a Dña. Anita Adrién Mur y a las primeras mujeres adoradoras nocturnas que, superando las dificultades de su tiempo, hicieron de vuestra asociación un medio valioso para servir a Dios y a los hermanos en quienes contemplamos igualmente a Cristo Eucaristía.

Porque sabemos que no podemos decir que vemos a Dios en la Sagrada Forma y no le vemos en los hermanos. No podemos decir que amamos a Dios y no amamos a quienes tenemos al lado, como dice la primera carta de Juan (cf. 4,20).

La misericordia del Señor que invoca Abrahán insistiendo a Dios para que no destruya al inocente con el culpable, es la misericordia que tiene que brotar de la adoración eucarística y del banquete de la Eucaristía.

Y cuando descubramos que el Señor otorga su perdón misericordioso al arrepentido alegrémonos de corazón por el hermano perdonado y convertido sin juzgar nosotros su interior, que nunca conoceremos y mucho menos como lo conoce el Señor.

Demos gracias a Dios porque escucha nuestra oración de intercesión por los demás, como escuchó a Abrahán y démosle gracias por el bautismo que nos ha dado nueva vida en Cristo resucitado, como afirma el apóstol Pablo. No hay mayor ni más abundante vida que la que viene de la cruz redentora y de la resurrección vivificadora de Jesucristo.

Con tal gratitud podemos orar con las palabras sencillas del padrenuestro, como nos enseña Jesús igual que a sus discípulos. Y no nos cansemos de orar, como el amigo inoportuno, confiados en la bondad de Dios que nos concede cuanto nos conviene, que no siempre es lo que pedimos.

Sin cansarnos de orar evitemos toda rutina incrédula y oremos con fe viva, esperando los dones que el Señor nos regala. Los que necesitamos cada uno y la humanidad entera. Los dones del nosotros eclesial y social. Dones de encuentro y comunión, de sanación, de paz y de reconciliación. Dones para construir la civilización del amor y de la justicia, el reino de Dios que ya está aquí, se hace presente de manera singular en el banquete eucarístico y llegará a plenitud al final de los tiempos. Continuemos el camino, fortalecidos por el pan de vida y llenos de esperanza en esta acción de gracias por el centenario de ANFE —cuarenta años en León—, que el Señor bendice, impulsa y hace nueva, como hace nuevas todas las cosas (cf. Ap 21,5).

Amén.