«Seamos luz de Dios, estrella azul»
✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León
Miembros de la Asociación Cultural San Juan Bautista y Amigos de la Pastorada de Robledo de Torío, sacerdotes, diáconos, seminaristas, personas consagradas, hermanos y hermanas. Gracias por traer a la catedral de León la luz de Belén, estrella que guió a los Magos de Oriente, con la representación de este Auto de Reyes que nos ayuda a celebrar la eucaristía en la víspera de la solemnidad de la Epifanía.
El Jubileo Ordinario de la esperanza que hemos comenzado nos lleva a transitar una senda de búsqueda del Señor Jesús igual que los Magos. Ellos arriesgaron mucho al reconocer al niño de Belén como su luz. Nosotros arriesgamos también, porque la fe nos invita a arriesgar y hay que hacerlo para encontrar la luz y seguir el camino que nos lleva a Jesús.
Asumiendo riesgos, hoy sois vosotros luces de esperanza, reflejo de la luz que profetiza Isaías, que es la gloria del Señor, la estrella que ilumina el corazón del ser humano que la reconoce (cf. Is 60,1) y que brilla en Belén de Judá.
Con este Auto de Reyes nos invitáis a adorar el misterio que nos ha de dejar radiantes, como a los Magos. Así, aprenderemos a estar y ser en la Iglesia «como granos que hacen el mismo pan» para ofrecer amor y esperanza a quien lo necesite.
Adoremos con Melchor, Gaspar y Baltasar al Niño Dios nacido en Belén para toda la humanidad. Compartimos la alegría del encuentro con el Salvador con nuestros hermanos del mundo entero. La adoración de los Reyes Magos es una imagen de la fraternidad universal que Jesucristo ha venido a proponernos.
Para sumarnos a su proyecto fraterno, sigamos a la estrella que nos guía desde Belén para no volver por el mismo camino y evitar ser cómplices de los que, como Herodes, piensan en hacer daño a los inocentes por su propio interés.
Que este banquete eucarístico con vuestro Auto de Reyes sea una estrella —luz de Dios, estrella azul— que nos guíe a nosotros y a otros muchos para alcanzar los dones de Dios, que él nos da incomparablemente más que el oro, el incienso y la mirra que le ofrecemos. Y llevemos sus dones a toda la tierra, de modo que se logre la ansiada paz y la dignidad infinita para cada persona humana. Amén.








