2025 – Vigilia de la Inmaculada

«Caminamos contigo en esperanza»

Hermanos y hermanas, la Virgen María, la Inmaculada, en este Año Jubilar nos guía a renovar nuestra esperanza en su hijo Jesucristo que no defrauda nunca.

Traemos aquí nuestras inquietudes, preocupaciones y anhelos ante quien comprende bien los dolores y sufrimientos de sus hijos e hijas y nos invita a vivir esperanzados, de modo que no permanezcamos en actitudes de sombra, de tristeza, de agobio o congoja, ni de desesperación.

Para superar nuestras dificultades personales y comunes, las de nuestras comunidades y nuestro mundo, la Madre de Dios, sin pecado original, aparece como luz para caminar esperanzados. Camina con nosotros mientras caminamos con ella y con nuestros hermanos y hermanas en esperanza, para ser «mensajeros de buenas nuevas de paz, justicia y esperanza».

Con el Evangelio en el corazón, estamos urgidos a mirar esperanzado al futuro, cuidándonos a nosotros, a nuestros hermanos y a nuestro mundo.

Todo lo ponemos en manos de Dios por intercesión de la Madre Inmaculada. Confiados, esperamos en el Señor que hace brotar la justicia y todos sus dones como en un jardín brotan las semillas. En el último tramo del Año Jubilar, sigamos cultivando simiente de esperanza que crece al amparo de la fe y el amor de Dios, como el Hijo del Padre en las entrañas de María.

Igualmente, para hacer frente al odio y la violencia de nuestro mundo, no nos cansemos de sembrar concordia que germina donde hay caridad, perdón y reconciliación. Confiemos, en medio de situaciones de injusticia, de violencia y de guerra, que el Señor hace brotar y crecer la justicia, la paz y la esperanza, como celebramos en Adviento.

Glorificamos a Dios Padre, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes, para aguardar la salvación eterna que nos viene por él, nacido de mujer, concebida sin pecado, signo de contradicción para que se pongan de manifiesto las intenciones de muchos.

Cantemos al Señor un cántico nuevo por la maravilla de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María y porque nos indica el camino que hemos de seguir, que no es otro que Jesús, vivo y glorioso, por quien continuamos nuestra peregrinación esperanzada en esta vida siendo mensajeros de su buena noticia, su paz, su justicia y su esperanza.

Amén.