2025 – Viernes Santo. Celebración de la Pasión del Señor

“Cruz que nos da vida y esperanza”

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

«A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado» (Sal 30) rezamos en el salmo 30. El Cristo del Calvario, traspasado, crucificado, nos da vida y esperanza nuevas. Su amor no nos defrauda nunca, decíamos ayer.

Por su entrega sacrificial, llevado a la consumación, se convirtió en autor de salvación eterna (cf. Heb 5,9). Como dice la carta a los Hebreos, «ya que tenemos un sacerdote grande […], Jesús, Hijo de Dios, mantengamos firmes la confesión de fe» (Heb 4,14).

La traición le llevó a Judas a la desesperación sin remedio. Las negaciones de Pedro desembocaron en un reconocimiento de culpa y un sanador arrepentimiento, volviendo a confiar y esperar a través de las lágrimas que limpian el corazón que niega al Maestro.

Hoy, Viernes Santo, contemplemos con humildad las lágrimas de Pedro, con las que fácilmente nos identificamos, para saber cómo hemos de mantenernos firmes en la fe y la esperanza que conlleva creer en Jesús muerto en la cruz.

Las lágrimas verdaderas limpian el corazón para acoger el amor de Dios que llena de vida y esperanza la existencia humana.

Con el corazón limpio podemos descubrir en la cruz de Jesús los sufrimientos de tantos hombres y mujeres de nuestro mundo. No como una realidad que nos resulta ajena e indiferente, sino como un padecimiento que nosotros mismos experimentamos y ante el que el Crucificado nos revela que el dolor y la muerte no tienen la última palabra, pues la tiene él, Jesucristo, la palabra definitiva del Padre, muerto por nuestra salvación y resucitado para que tengamos vida eterna. Esta es nuestra esperanza.

Cristo de la esperanza,

palabra decisiva del Padre

que resuena en la mente de tus discípulos;

Maestro que acompañas sus silencios y sus huidas,

que enjugas con perdón las lágrimas de Pedro,

limpia las nuestras si te negamos.

Cristo de la esperanza,

que resplandeces en la cruz

dando vida y esperanza al mundo,

libéranos por tu cautividad.

Cristo de la esperanza,

tras tu sangre derramada,

danos cobijo en tu cruz desnuda

para esperar la resurrección gloriosa.

Tu cruz adoramos,

Cristo de la esperanza,

en el Viernes Santo,

preludio de la Pascua

que juntos anhelamos,

nuestro Cristo de la esperanza.

Amén.