2025 – Solemnidad trasladada de San Isidoro

“La misión de ser sal y luz de esperanza”

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

Hermanos y hermanas, la solemnidad litúrgica de san Isidoro, trasladada este año a este día, nos convoca de nuevo para dar gracias a Dios por su don y su legado en tiempos menos desafiantes que los suyos y aún menos de los que vivió san Pedro cuando da testimonio del Resucitado, en la lectura de los Hechos de los Apóstoles que hemos escuchado.

Entonces, los israelitas pudieron pensar que el pescador de Galilea había perdido el juicio al asegurar que Dios había resucitado y constituido Señor y Mesías a un crucificado.

Sin embargo, es el Espíritu Santo el que inspira a los testigos de Cristo para hablar de esa manera, como recuerda el apóstol Pablo en la primera carta a los Corintios, cuando dice que el nuestro ha de ser un modo de vivir y hablar por su inspiración, de forma que prevalece y se reconoce la grandeza de la acción de Dios.

Una acción que se hace más evidente porque el Señor ha querido contar con nuestra pequeñez cuando Jesús nos concede ser sal de la tierra y luz del mundo y, en nuestra humildad necesitamos pedir auxilio para salar e iluminar.

El mismo san Isidoro, hombre sabio y erudito, pide humilde y reiteradamente a san Braulio de Zaragoza que rece por él, como nos ha pedido siempre el querido papa Francisco a quien seguimos teniendo muy presente.

San Isidoro para ser sal y luz en su tiempo buscó el ejemplo de Cristo, que complementaba su vida activa con la contemplativa, concluyendo que no es posible vivir ni amar sin la presencia y experiencia de ambas formas de vida (cf. Differentiarum Lib. II, 34, 133: PL 83, col 91 A; 134: ib., col 91 B; 135: ib., col 91 C).

La acción y la contemplación, las obras y la oración, en nuestra vida también nos permiten a nosotros ser sal y luz de esperanza para construir una Iglesia sinodal, «como granos que hacen el mismo pan» y centrada en Cristo y en la misión con preferencia por los pobres, los tristes y los que sufren. En definitiva, todos los que viven desesperanzados.

Tomemos fuerza en el banquete eucarístico para ser sal y luz de esperanza en comunión fraterna para la misión evangelizadora y samaritana que ha de realizar hoy la Iglesia. Acojamos el Espíritu para realizar la misión que hemos recibido bajo la protección y con la intercesión de san Isidoro.

Amén.