✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León
Queridos hermanos de san Juan de Dios, trabajadores y profesionales de la salud, residentes, capellanes, voluntarios, bienhechores, familia hospitalaria de León, hermanos y hermanas todos.
La fiesta de san Juan de Dios nos reúne en torno a quienes mantenéis viva la llama de la esperanza que él encendió y ofrecéis a quienes la enfermedad priva de paz y de esperanza.
El amor como lo vivió san Juan de Dios nos esperanza, porque nos acerca a Jesucristo, que nunca defrauda y nos impulsa a amar como Dios ama y, en consecuencia, a transmitir esperanza con toda paciencia cargada de atentos y caritativos cuidados.
El compromiso de la familia hospitalaria es paliar el dolor que provoca la enfermedad física o mental. Pero vais más allá. Estáis comprometidos en el acompañamiento y alivio de las dolencias del espíritu y otros sufrimientos, como el de las personas inmigrantes que acogéis, acompañáis, protegéis, promovéis e integráis.
San Juan de Dios es don en la Iglesia para el mundo inspirado por el Espíritu Santo y, fiel al corazón de Cristo, ha llegado y llega a muchas personas que necesitan apoyo para recuperar la esperanza o crecer en ella, porque la vida les ha quitado motivación y ganas de alegrarse y hasta de vivir.
Lo que hacéis con cada persona lo hacéis con Jesucristo y es, por tanto, caudal y cauce de esperanza.
En este año jubilar, alcancemos el jubileo siendo hombres y mujeres esperanzados que contagian la alegría de vivir dignamente de cara a Dios.
Que la celebración de la eucaristía nos llene de esperanza y nos renueve y fortalezca para continuar la obra de san Juan de Dios, locura de amor que sigue transmitiendo la esperanza de Cristo y seguirá haciéndolo hasta el final de los tiempos.
Amén.









