✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León
«Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor» (Mt 1,21). Fernando, Rommy y Pablo se han despertado, como José, y procuran hacer lo que les pide el Señor. Por eso se presentan a la Iglesia para ser admitidos entre los candidatos al Orden Sagrado.
Sus vidas son historias vocacionales personales y comunitarias que se ven impulsadas con esta celebración en la solemnidad de san José. Cada uno ha escuchado la llamada de Dios y las necesidades, alegrías y tristezas de los hombres y mujeres de nuestro tiempo y, poniéndolo todo a la luz del Espíritu, su respuesta es un sí al Señor en la Iglesia, en nuestra comunidad diocesana, para dar gloria a Dios y para que los hombres tengan vida abundante y alcancen la salvación.
Dios es para Fernando, Rommy y Pablo un padre y ellos hijos amados suyos, de tal modo que la fidelidad del Señor les hace fieles y les invita a confiar en él todos los días de su vida. «Más que el cielo has afianzado tu fidelidad» (Sal 88,3) hemos rezado en el salmo 88.
Así han conocido que la misericordia del Señor es un edificio eterno y, como Abraham, han sido invitados a esperar contra toda esperanza. Magnífica definición del cristiano, como afirmó Benedicto XVI, que igualmente podemos atribuir a san José, hombre de fe que esperó contra toda esperanza y conoció el amor de Dios en Jesús desde la más tierna infancia del Hijo.
Como san José vosotros también escucháis la voz del Señor y la discernís para conocer la voluntad de Dios. Un ejercicio que no se hace de una vez para siempre, sino constantemente, con la confianza de que el Señor mueve y ayuda con su gracia a quien ha llamado a participar del sacerdocio ministerial de Cristo.
Que con vuestro firme propósito expresado hoy cultivéis con más intensidad vuestra vocación, para llegar a ser presbíteros que ocupéis vuestro lugar ministerial en nuestra Iglesia de comunión, participación y misión con los demás miembros del pueblo de Dios sinodal, fraterno, misionero, evangelizador y samaritano.
Vuestra petición de ser admitidos al Orden Sagrado es un motivo de alegría para nuestra diócesis, para nuestros seminarios, para los presbíteros y para vuestras familias. No dejéis de apoyaros en ellos y en quienes os acompañamos hoy con nuestra oración, espíritu de discernimiento y cercanía. A nosotros, a nuestra oración y ayuda quedáis encomendados.
Que la Virgen del Camino, Madre del Redentor, san José, su esposo, y san Froilán, os inspiren para adquirir cada vez más un corazón de presbíteros sembradores de esperanza.
Amén.









