2025 – Solemnidad de Nuestra Señora de la Asunción

La Asunción da esperanza

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

Hermanos y hermanas, el símbolo del cielo que la lectura del apocalipsis hace presente hoy, bien podemos interpretarlo en esta festividad de la Asunción del año jubilar como señal de esperanza.

La Virgen María asunta al cielo evoca que hemos sido convocados como pueblo nuevo, Iglesia redimida por Dios que engendra hijos a quienes les espera una vida nueva más allá de la historia humana.

María, madre de Cristo y madre nuestra, es hija y modelo de ese pueblo nuevo, pueblo de la esperanza y ella vive, siente y es resucitada como nosotros lo esperamos.

Este es el anuncio que hacemos en estos tiempos, como afirma Pablo en la primera carta a los Corintios: Cristo resucitado nos abre las puertas de una vida nueva tras la historia en esta tierra de devastación, sufrimiento y muerte.

En Cristo vivo y en su madre elevada al cielo hallamos las razones para la esperanza, de modo que podemos confiar en la superación de los dramas personales y de toda la humanidad.

Ciertamente, nos afligen las enfermedades, las guerras, los desencuentros, los rechazos de las personas, la crispación política y social con recriminaciones.

Igualmente, nos entristecen estos días los pavorosos incendios en la provincia de León, en Zamora, en Galicia y en otros lugares de España con resultado de muertes y destrucción desoladora. Por supuesto, nos solidarizamos y oramos por los fallecidos, sus familiares y tantas personas y pueblos afectados.

En medio de todo, nos da esperanza creer que el llanto y el sufrimiento se superarán y triunfará la vida, la luz y el gozo en el encuentro con el amor misericordioso de Dios, igual que festejamos hoy el triunfo luminoso del misterio de María Asunta al Cielo, María resucitada, María viva.

Contemplando este misterio admirable nos unimos al canto del Magníficat que escuchamos de boca de María como Isabel después de bendecir a la madre de su Señor. Un canto que enciende esperanza porque Dios siempre acompaña a la humanidad y está de su lado, especialmente del lado de los humildes y los que sufren.

Un canto que enciende esperanza porque el Señor ha elegido a María, humilde sierva, como nos elige a nosotros humildes discípulos misioneros, para colaborar con él en su plan de salvación, de modo que el dolor y la muerte no tengan la última palabra.

Que la celebración de esta Eucaristía nos llene de esperanza y nos haga anunciar la fuerza de la vida nueva que celebramos en Cristo resucitado y en María resucitada para ofrecer el camino de entendimiento, liberación y salvación a todas las gentes.

Confiamos y esperamos que así sea.

Amén.