«La luz del Señor, Esperanza que no defrauda»
✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León
Queridos hermanos y hermanas felicidades por vuestro encuentro fraterno, festivo, eclesial de Vida Ascendente en las diócesis de Castilla y León.
En este Año Jubilar de la Esperanza nos permiteimos recordar hoy la fiesta de las candelas renovando nuestra fe y compromiso de ofrecer al mundo la luz de Cristo, esperanza que no defrauda como bien hacéis vosotros, miembros y consiliarios de Vida Ascendente, hombres y mujeres de fe y esperanza.
Es una bendición que nos reunamos y manifestemos hoy la fraternidad de Iglesia peregrina, sinodal y misionera en el camino de la fe para crecer en esperanza, es decir, en el conocimiento de Cristo, de modo que vivamos bien cimentados en él y recibamos su alegría y consuelo.
Así podemos decir con el salmo 71: «Tú, Señor, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud… No me rechaces ahora en la vejez; [cuando] me van faltando las fuerzas, no me abandones» (Sal 71,5.9).
Durante toda la vida el Señor ha de ser nuestra confianza y nuestra esperanza. Cuanto más experimentemos la fragilidad, más hemos de confiar, esperar y alegrarnos en el Señor.
Como Simeón y Ana, vuestros patronos, hemos de permancer a la espera para buscar y hallar a Dios, pues él siempre llega a su santuario, como dice el libro de Malaquías (cf. Mal 3,1) y se acerca a quien quiere encontrarlo.
El esperado de Israel y de todos los pueblos, Dios hecho hombre, nos libra de vivir como esclavos (cf. Hb 2,15) —en ocasiones esclavos de los achaques, las decepciones y la edad—, como gente sin esperanza. Pidamos por quienes viven así, para que busquen y encuentren al Señor. Y continuad disponibles para llevar vosotros a Cristo, luz del mundo, a muchos, los más posibles, en especial a personas necesitadas de compañía, consuelo y apoyo.
Pidamos, como nos enseñó a rezar el recordado y querido papa Francisco, que la fe y la caridad despierten en nosotros la bienaventurada esperanza en la venida del Reino.
Igualmente, que la gracia del Jubileo de la esperanza reavive en nosotros, Peregrinos de Esperanza, el anhelo de los bienes celestiales y derrame en el mundo entero la alegría y la paz de nuestro Redentor para construir un mundo reconciliado, como nos ha invitado a hacer el papa León XIV, siendo nosotros hombres y mujeres de paz y reconciliación; camino de esperanza hacia Dios.
Amén.








