2025 – Jueves de la XI Semana del Tiempo Ordinario. Clausura Visita Pastoral

«Comunión, misión y oración de hijos y hermanos»

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

Queridos hermanos y hermanas, he recorrido con actitud de escucha las parroquias de vuestro arciprestazgo y he visitado las comunidades religiosas, algún colegio y residencias de mayores. Me he encontrado con presidentes y hermanos mayores de cofradías. He saludado a alcaldes, pedáneos, presidentes de juntas vecinales. Aún me quedan algunas visitas —entre otras el centro penitenciario de Villahierro— que completaré, Dios mediante, y que tengo presentes en esta celebración de acción de gracias en la clausura de la Visita Pastoral al arciprestazgo.

Además de la actitud de escucha he realizado la Visita Pastoral con el gozo y la paz de quien va en el nombre del Señor y no en el suyo propio, para anunciar el Evangelio de Jesús con mis limitaciones, pero con esperanza.

La alegría, la paz y la esperanza las he vivido en medio de dificultades, carencias y, a veces, falta de perspectiva de futuro. En medio de todo, precisamente en este año Jubilar, prima la esperanza.

En clave de esperanza quiero dejaros tres palabras para que continuéis la senda de la fe en vuestras parroquias, en estas tierras que disminuyen en número de habitantes, pero mantienen, crecen y esperan crecer aún más en la vida cristiana y en la comunión fraterna y misionera.

La primera palabra esperanzada es comunión. Habéis recibido el Espíritu Santo para tener un solo corazón y una sola alma, sin llamar nadie suyo propio nada, porque todo lo que poseéis lo tenéis en común y estáis dispuestos a dar a cada uno lo que necesite (cf. Hch 4,31-35), tanto bienes materiales como espirituales.

Estáis llamados a vivir, celebrar la fe y anunciarla a otros en comunión fraterna, en camino sinodal, formando comunidades más allá de la propia parroquia sin quitar importancia a ninguna. La comunión os ha de abrir a lo “interparroquial”, o lo que es lo mismo a vivir conscientes de que “entre pueblos anda el Señor”. La comunión da esperanza.

La segunda palabra esperanzada que os quiero dejar es misión. Cada uno es una misión en esta tierra (cf. CV 254). Los bautizados recibimos la misión de anunciar a Jesucristo, piedra angular por la cual somos constituidos Iglesia de comunión fraterna, sinodal y misionera.

Por encima de templos y tradiciones, que tienen un incalculable valor, cada uno, piedra viva, es infinitamente valioso a los ojos de Dios con su misión de anunciar a Cristo resucitado, cuyo amor nos apremia para vivir la misericordia, la justicia, la paz y la reconciliación que vienen de él. Anunciamos un cristianismo vivo, porque anunciamos que Cristo vive. La misión da esperanza.

La tercera palabra esperanzada es oración. Necesitamos ser mujeres y hombres de oración constante (cf. GE 147).  En el Evangelio de hoy Jesús nos dice cómo hacerlo. No debemos ser palabreros, sino fieles hijos que oramos al Padre como el Hijo nos ha enseñado —y él mismo hace— dejando que el Espíritu ore en nosotros.

Podemos relacionarnos con Dios con la cercanía de dirigirnos como hijos y hermanos a nuestro Padre en todo momento, especialmente en los momentos más duros. La oración da esperanza.

Que ensanchéis los límites parroquiales para construir comunidades fraternas con hermanos y hermanas de otras parroquias; que recordéis que Cristo está con vosotros siempre y tenéis la misión de anunciar que vive y da vida; que oréis como él os ha enseñado —y oréis juntos como hijos y hermanos— para encontrar la fortaleza, la paz y la esperanza que no defrauda.

Dios bendiga cada parroquia, cada comunidad cristiana y religiosa, cada cofradía, cada grupo, las residencia de mayores, las asociaciones, los albergues de acogida cristiana del Camino, el centro penitenciario, cada pueblo, todo el arciprestazgo del Centro Esla-Tierra de Campos y la diócesis de León.

Amén.