2025 – Jueves de la VI Semana de Pascua — San Pablo VI

“La vida consagrada un canto de esperanza”

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

Queridos hermanos y hermanas, concluimos la trigésima primera asamblea general de CONFER con el envío oportuno para volver a Jerusalén.

Por favor, al marchar después, que nadie se pierda por los caminos del desaliento, porque somos gente de esperanza y creemos firmemente que cualquier tristeza el Señor la convierte en alegría. Vayamos, más bien, cantando al Señor un cántico nuevo, porque en esta asamblea y siempre, él hace maravillas, revela su justicia, se acuerda de su misericordia y su fidelidad.

La Iglesia nos propone el 29 de mayo la memoria de san Pablo VI, de feliz recuerdo. Al comienzo de su exhortación apostólica Evangelica testificatio sobre la renovación de la vida religiosa según las enseñanzas del Concilio Vaticano II, pone de manifiesto la esperanza que suscita en él y en toda la Iglesia «la generosidad espiritual de aquellos —hombres y mujeres— que han consagrado su vida al Señor en el espíritu y en la práctica de los consejos evangélicos» (ET 1).

Eso es lo que queremos ser hoy también con nuestro ser y nuestra misión de personas consagradas: canto de esperanza, promotores y profetas de esperanza, particularmente en las periferias de la desesperanza.

Lo cual supone para las personas consagradas, como supuso para Pablo VI, que el amor a Cristo y a la humanidad tiene como desafío un mensaje de liberación que incluye luchar contra todo mal, contra la guerra y la violencia, el hambre, las enfermedades crónicas, el analfabetismo, la depauperación, la injusticia, el neocolonialismo económico y cultural, las adicciones, la falta de igual y dignidad humana y una lista que aumenta vertiginosamente en nuestros días.

La humanidad herida que escucha san Pablo VI le invita a responder como compañero y amigo del hombre con el Evangelio de Jesús en el corazón. Es la misma escucha y respuesta que están llamadas a realizar las personas consagradas.

Así, el anuncio de la Buena Nueva se hace gozoso y esperanzado, no exento todavía de dolor, y lleva a plenitud a la persona humana hasta ver a Cristo formado en la humanidad (cf Gal 4, 19). San Pablo VI sufre y goza con esperanza en Cristo esta noble amistad: la más hermosa a la que puede aspirar la persona, la más deseada también por Dios.

Una gran esperanza que está en manos de los evangelizadores de estos tiempos y, particularmente de una vida consagrada que es un canto de esperanza como testimonio vivo del Evangelio, signo de la presencia alentadora del Señor en medio de ciudades superpobladas y pueblos despoblados.

Hermanos y hermanas, Dios nos invita a peregrinar unidos y esperanzados con el resto del pueblo de Dios, para que nuestro Iglesia se convierta en fermento para un mundo reconciliado, como ha dicho el papa León XIV.

Celebrémoslo en la Eucaristía y reconozcamos al partir el pan a Cristo vivo, amigo de la humanidad, buen samaritano y buen pastor, modelo de persona consagrada esperanzada y esperanzadora de quien somos discípulos misioneros para colaborar en la construcción de un mundo reconciliado.

Amén.