2025 – IVº Domingo de Pascua

«Para el Señor, en los hermanos»

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

Creemos que el Buen Pastor nos conoce, que nadie nos separará de él y que nos da la vida eterna. Nosotros le seguimos y escuchamos su voz para alcanzar la luz de su verdad. Damos gracias a Dios porque el Buen Pastor nos ha encontrado, nos ha convocado y quiere permanecer con nosotros.

Nuestra confianza en él es la respuesta a su amor solícito. Nuestra relación personal y comunitaria con él es garantía de vivir y esperar en él, especialmente en medio de las dificultades, porque nos asegura que nadie nos arrebatará de su mano, que es la del Padre, porque los dos son uno.

Una confianza así ha podido experimentar el papa León XIV al aceptar el ministerio que el Señor y la Iglesia le han encomendado. Oremos por él para que sirva con alegría al Señor en los hermanos. Y oremos por todos los hijos e hijas de la Iglesia para que cooperemos corresponsablemente con el sucesor de Pedro cada uno desde nuestro camino vocacional.

«Para el Señor, en los hermanos» es el lema de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y Jornada de Vocaciones Nativas, respondiendo al del Congreso de Vocaciones celebrado en Madrid en febrero pasado: «¿Para quién soy?».

Los bautizados aceptamos y agradecemos la llamada del Buen Pastor al reconocer su voz y experimentar gozo y confianza. Así, la vocación es fuente de esperanza.

El papa Francisco dejó escrito su mensaje para esta Jornada Mundial en el contexto del jubileo. Nos invita con alegría y aliento a ser peregrinos de esperanza entregando la vida con generosidad. Nuestro mundo necesita testigos de esperanza que muestren en sus vidas la alegría de seguir a Cristo siendo para él en los hermanos.

Agradezcamos al Buen Pastor que nos apaciente para anunciarle danto testimonio de él más allá de nuestra cultura y de nuestras fronteras, más allá de nuestras preferencias particulares, como evangelizan Pablo y Bernabé.

Pongamos más en el centro a Jesucristo, que nunca nos defrauda, reconociéndole como el Buen Pastor, para no temer nada y esperar de él el agua viva que cura las heridas y enjuga las lágrimas, como describe el libro del Apocalipsis.

Comulguemos a Cristo vivo, el Buen Pastor, y sintamos el sosiego de escuchar su voz para caminar juntos con esperanza hacia la vida eterna que nos dan el Padre y él, que son uno con el Espíritu Santo.

Amén.