2025 – Fiesta de la Presentación del Señor

«Peregrinos y sembradores de esperanza»

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

Queridos consagrados, «peregrinos y sembradores de esperanza», hermanos y hermanas que os unís a través de 13 Tv, hermanos y hermanas de esta querida diócesis de León.

Celebramos el jubileo de la vida consagrada en el Año Santo, caminando con las personas consagradas, conociéndolas y apreciándolas más en medio del pueblo de Dios.

Hemos venido en procesión, signo de nuestra peregrinación jubilar de Iglesia sinodal y misionera, como «peregrinos y sembradores de esperanza» con las candelas bendecidas y encendidas, simbolizando que ofrecemos al mundo la luz de Cristo, esperanza que no defrauda.

El Señor es el mensajero de la alianza que todos, como Simeón y Ana, buscamos, esperamos y hallamos, pues siempre llega (cf. Mal 3,1).

Al Salvador, el Hijo que siempre hace la voluntad del Padre (cf. Hb 10,7) y nos libra de vivir como esclavos (cf. Hb 2,15), le seguís libremente más de cerca los consagrados por medio de los consejos evangélicos.

Con vuestro modo de vida sois «peregrinos y sembradores de esperanza» con la preciosa e imprescindible misión de buscar, esperar, hallar y señalar a Jesucristo, esperanza que no defrauda.

Así será conocido, amado y seguido desde los lugares teológicos de la contemplación monástica y la oración; desde las universidades, el quehacer teológico, el diálogo con la cultura, la comunicación y el diálogo intercultural; desde el servicio a los desamparados y enfermos; desde la acogida evangélica de los migrantes; desde los lugares de la hospitalidad con las personas sin hogar y las encarceladas; desde los colegios y hogares para niños y jóvenes; desde el cuidado por la creación, la lucha contra la trata de personas, contra la esclavitud y desde otras muchas periferias y lugares donde están los preferidos de Dios.

«Peregrinos y sembradores de esperanza» no tenéis, sino que sois la preciosa e imprescindible misión profética de mostrar al Señor, esperanza que nunca defrauda, y ha llegado al santuario de la humanidad.

A cualquier edad y en cualquier circunstancia de vuestras vidas consagradas, sois esta misión que genera relaciones nuevas en Jesucristo cambiándonos y acercándonos al Reino de Dios. También cuando se trata de una sencilla presencia sin actividad apostólica, que tiene un valor incalculable.

Hermanas, hermanos, necesitamos en la Iglesia que os mantengáis bien despiertos; que seáis centinelas hasta el último aliento, igual que Simeón y Ana, con los ojos fijos en el Señor y en la humanidad desesperanzada que le necesita.

Él se hace presente en el banquete eucarístico y es luz para alumbrar a las naciones e iluminar los corazones. Él camina con nosotros y llena nuestros costales con infinitas semillas de esperanza.

¡Sembrad y cultivad! Sembremos y cultivemos la esperanza todo el pueblo de Dios unido.

Amén.