✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León
Un saludo muy cordial de bienvenida y agradecimiento por vuestra presencia Sr. Administrador Diocesano de Astorga, Deán de la Catedral, Directores, secretarios y administradores del ISTAL y de la Escuela Beato Antero Mateo, Rectores, formadores, directores espirituales de los seminarios Redemptoris Mater “Virgen del Camino” y San Froilán de León, seminaristas, profesores de Astorga y León, alumnos, sacerdotes, personas consagradas y laicas, hermanas y hermanos.
Iniciamos un nuevo curso académico con la celebración del banquete eucarístico invocando al Espíritu Santo sobre quienes responden a la llamada de la formación, inicial y permanente.
Este inicio de curso lo enmarcamos en el Año Jubilar recordando, una vez más, la carta a los Romanos cuando afirma que «la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rom 5, 5). Como Jesús orante nos llenamos de alegría en el Espíritu Santo y agradecemos al Padre que haya revelado a los pequeños su sabiduría alentando nuestro presente a veces fatigoso.
Con la esperanza que Dios nos concede, emprendemos este curso académico en el que tanto en el instituto como en la escuela ponemos de relieve que estamos recorriendo caminos formativos tal y como indica el Documento Final del Sínodo de la Sinodalidad en dos aspectos, al menos. El primero, una formación integral, continua y compartida en todas las dimensiones de la persona: intelectual, afectiva, relacional y espiritual. El segundo es una formación en la que se pide que participen juntos hombres y mujeres, laicos, consagrados, ministros ordenados y candidatos que se forman para este ministerio (cf. DF 143).
Llamados a reflexionar y hacer teología de forma sinodal, hemos de promover la capacidad de escuchar, dialogar, discernir e integrar la diversidad (cf. DF 67) recordando que Dios uno y trino se ha revelado a los pequeños con una sabiduría de esperanza.
Los desafíos formativos que tienen nuestras diócesis forman parte del presente fatigoso, pero nos alienta la confianza en Cristo vivo, sabiduría eterna, en el Espíritu Santo que nos da vida y en el Padre origen de todo bien. Porque hemos recibido una esperanza fiable, como dijo Benedicto XVI (cf. Ss 1), gracias a la cual podemos peregrinar poniendo la mirada en una gran meta que justifica el esfuerzo del camino, en el transcurso del cual la esperanza nos transforma y sostiene (cf. Ss 10).
Hermanos y hermanas, que las aulas sean lugares de sabiduría de esperanza para quienes las vais a ocupar y para quienes recibirán vuestro conocimiento y testimonio más allá de ellas. Por tanto, que en vuestro quehacer teológico, filosófico y formativo esté siempre la mirada esperanzada de quien ha recibido la sabiduría de Dios en Cristo por el Espíritu.
Así pues, como dice el papa Francisco al final de la bula Spes non confundit citando la carta a los Hebreos, aferraos a la esperanza que se os ofrece como un ancla del alma, sólida y firme, que penetra más allá del velo, allí mismo donde Jesús entró por nosotros, como precursor (cf. Hb 6,18-20; SNC 25).
Ofrecemos la Eucaristía para que el Señor nos conceda sus dones de sabiduría, esperanza y vida nueva en el Espíritu durante este curso.
Amén.









