En memoria del P. Nicolás Castellanos, osa, Obispo
✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León
En medio del verano, en este vigésimo domingo del tiempo ordinario, tenemos un recuerdo entrañable de Mons. Nicolás Castellanos Franco, agustino obispo, que fallecía el 19 de febrero pasado. Celebramos la acción de gracias por su vida y oramos por su eterno descanso con fe en la Resurrección en el lugar que le vio nacer, donde fue bautizado, impartió los sacramentos y celebró con vosotros la vida y la muerte que se abre a la vida eterna.
El P. Nicolás eligió un modo exigente de seguir a Jesús, pero es que no hay un modo cómodo de hacerlo. Como el profeta Jeremías, como Jesús mismo, él seguramente experimentó amargura cuando denunciaba la injusticia que provoca cisternas agrietadas de aguas estancadas y decía “Nada para los pobres, todo con los pobres”. O, lo que es lo mismo, hay que estar junto a Dios, fuente de agua viva que no produce lodazal porque la palabra profética que viene de Dios nunca muere.
De este modo Nicolás Castellanos forma parte de la nube ingente de testigos a la que alude la carta a los Hebreos que hemos escuchado. Un testigo de la fe que implica luchar y dar gloria a Dios. Lo que hizo el P. Nicolás renunciando a lo que estorba y manteniendo los ojos fijos en el que inició en Mansilla del Páramo su fe y la ha completado en Bolivia: Jesús, el Crucificado; el Cristo que ha asumido el dolor y el pecado de la humanidad y está vivo sentado a la derecha del Padre.
Con esta lección de vida que aprendió del Hijo de Dios, el P. Nicolás ha vivido con fe tras las huellas de Cristo, como hijo de san Agustín. Con su recuerdo encontramos razones para no perder el ánimo y continuar con fe y esperanza el camino.
Es la mejor memoria que podemos hacer de Nicolás Castellanos. Así lo confirman las palabras del Evangelio que nos descubren a Jesús trayendo fuego a la tierra, es decir, la lucha de la fe en la que estamos invitados a participar, como entendió muy bien el P. Nicolás. Él hizo vida estas palabras evangélicas de Jesús, hizo fructificar las raíces de este mensaje como el Maestro nos pide que hagamos a todos sus discípulos misioneros. Y tengamos la certeza de que a nosotros no nos faltarán tampoco las adversidades cuando queramos hacer vida el Evangelio. Nos aguardarán también luchas, pero luchas de amor en un mundo injusto y de desamor. Luchas de esperanza en un mundo de queja y desesperación. Luchas de fe en un mundo de desconfianza y superficialidad.
Vivir en esta clave, como procuró vivir el P. Nicolás, hace que la vida sea diferente y aspiremos a hacer algo grande, parte del proyecto profético de Jesús. Dejémonos tocar por la palabra transformadora de Dios y viviremos una vida plena, profunda como vuestro paisano, cristiano, religioso agustino, obispo y profeta.
Haciendo memoria agradecida del P. Nicolás Castellanos Franco, miremos al futuro alegres y esperanzados con el alimento del banquete eucarístico, anticipo del banquete eterno.
Amén.








