2025 – Domingo de Ramos

«La esperanza del hijo de David»

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría y Dios lo levantó sobre todas las cosas. Celebramos la esperanza del hijo de Dios, a quien aclamamos hijo de David.

Él nos inspira una palabra de aliento para el abatido en las tormentas de la vida y nos revela que, aunque pudiera parecer lo contrario, Dios nunca nos abandona.

La obediencia de Jesús hasta la muerte en cruz nos ha dado la esperanza definitiva, porque haciéndose como uno de nosotros, nos ha abierto las puertas para ser como él.

Hosanna al Hijo de David que nos ha reunido por su pasión y muerte en cruz en un nuevo pueblo —el pueblo de la esperanza— con hombres y mujeres de toda la tierra dispuestos a caminar «como granos que hacen el mismo pan» convirtiendo la comunión fraterna en una peregrinación de esperanza.

En este peregrinaje, la celebración de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén nos ha preparado para escuchar el relato de la Pasión según san Lucas. Destaco cuatro palabras esperanzadas de la lectura, para ayudarnos a celebrar los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Jesús esta Semana Santa del Año Jubilar.

Primera palabra: «Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros» (Lc 22,15). El deseo de Jesús nos hace sentirnos amados por él y anhelar sentarnos al banquete pascual para participar de su misma y abundante vida.

Segunda palabra: «Tomad» (Lc 22,17). Él se entrega con amor infinito en esta pequeña e impactante palabra y se hace un pan que nos invita a creer en el que podemos formar nosotros como granos que se dejan triturar para dar fruto unidos.

Tercera palabra: «Padre, perdónalos» (Lc 23,34). El perdón es palabra colmada de esperanza en la reconciliación y la redención. El perdón siempre da esperanza.

Cuarta palabra: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino» (Lc 23,42). Confiar a Jesús nuestra sed de vida eterna es expresarle la esperanza más profunda en la situación más crítica, como el buen ladrón, al borde de la muerte.

Deseemos ardientemente comer esta Pascua con Jesús, dejándonos moler, como él, para ser granos de un mismo pan, creyendo en el perdón y esperando con gozo la vida nueva y eterna en el reino de Dios.

Amén.