2025 – Colación del Lectorado

«Oyentes y servidores de la Palabra»

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

María, madre de Dios y nuestra, es trono de la sabiduría, porque de ella recibimos al Hijo, Sabiduría y Palabra del Padre que se nos comunica por el Espíritu Santo.

Acoger la sabiduría, escuchar la Palabra es fuente de dicha, de vida y alcanza el favor del Señor, como dice el libro de los Proverbios. Es lo que nos permite ser justos y habitar en el monte del Señor. Es lo que nos hace cercanos a Jesús, de su misma familia, porque no hay mayor cercanía a la Sabiduría que escuchar la Palabra y hacer la voluntad del Padre.

Nos hemos reunido como oyentes de la Palabra, con la intercesión de la primera oyente, la Virgen María, aquí en su santuario de Manzaneda para escuchar a Dios y cumplir su voluntad según los dones que nos concede a cada uno.

Dice el papa Francisco en su carta apostólica Spiritus Domini que el Espíritu, fuente de la vida y misión de la Iglesia, distribuye a los miembros del Pueblo de Dios los dones que permiten a cada uno, de manera diferente, contribuir a la edificación de la Iglesia y al anuncio del Evangelio.

A estos dones los llamamos ministerios por ser instituidos por la Iglesia, a disposición de la comunidad y su misión de forma estable.

En algunos casos, como el de Rafael, esta contribución ministerial tiene su origen en el Orden Sagrado, al que ya ha sido admitido. Con ese horizonte estás llamado a profundizar en el amor y el conocimiento de las Sagradas Escrituras en tu proceso formativo hacia el diaconado permanente.

Al concederte el ministerio del lectorado la Iglesia te confía que acrecientes tu proximidad con la sabiduría, es decir, con Jesucristo, Palabra del Padre, que te descubrirá la novedad para seguir sus caminos y enseñar a otros a transitar esa senda.

Realiza este ministerio a ejemplo de María, trono de la sabiduría, Madre y Maestra espiritual, con estilo de comunión fraterna, como grano de trigo que hace el mismo pan de la unidad con laicos, matrimonios y familias, consagrados, diáconos y presbíteros. Todas las vocaciones que enriquecen la Iglesia sinodal y misionera y sé cauce de fraternidad y familia de quienes están dispuestos a cumplir la voluntad del Padre.

Oramos por ti, Rafael, por tu esposa y tus hijos, por toda tu familia, para que, con su ayuda, por este ministerio te configures cada vez más con Cristo teniendo un corazón dispuesto a entregarte como él y con él para ser oyente y servidor de la Palabra de la Sabiduría que da vida y esperanza.

Amén.