2025 – Bienaventurada Virgen María de Lourdes. XXXIII Jornada Mundial del Enfermo

«En esperanza fuimos salvados» (Rm 8,24)

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

«“La esperanza no defrauda” (Rm 5,5) y nos hace fuertes en la tribulación» afirma el papa Francisco. Pero nos preguntamos: ¿Cómo recibir este don de la fortaleza en medio de la enfermedad propia o de nuestros seres queridos? La respuesta es que sinceramente necesitamos la ayuda de Dios «que nos consuela en cualquier tribulación nuestra hasta el punto de poder consolar nosotros a los demás en cualquier lucha, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios» (2 Cor 1,4).

El Papa nos invita a experimentar esta fortaleza descubriendo en la enfermedad y todo lo que la rodea tres realidades: el encuentro, el don y el compartir.

El encuentro en medio de la enfermedad nos lleva a aferrarnos a una roca inquebrantable. El don es difícil de descubrir, pero nos engrandece agradecer la esperanza como el don que Dios nos regala.

La realidad de compartir se da en descubrir los lugares donde se sufre la enfermedad, por supuesto los hospitales, como espacios de enriquecimiento y de intercambio.

En la lectura del libro del Génesis sobre la creación, hemos recordamos que Dios hizo bien todas las cosas, especialmente al hombre, varón y mujer los creó. Lo que nos lleva a admirar el nombre de Dios en toda la tierra. Nos hace bien cultivar la capacidad de admiración, sin acostumbrarnos a nada ni a nadie, de modo que hagamos novedosas, atrayentes, alegres y auténticas nuestras relaciones y genuinas nuestras vidas, sin estar esclavizados por rutinas o costumbres vacías de contenido que nos esclavizan o nos hacen hipócritas, como advierte Jesús en el texto del Evangelio de hoy. Tampoco hemos de ser creadores de falsas esperanzas y nunca debemos anular el mandamiento de Dios misericordioso que nos ama, desarrollando actitudes y obras contrarias al amor y la misericordia que él nos concede.

Que la celebración de esta Jornada del Enfermo sea una bocanada de esperanza en medio de situaciones humanamente desesperanzadas, en medio de todo tipo de aflicción y sin sentido. Pidamos al Señor que sepamos humanizar y, por tanto, cargar de esperanza, la atención a los enfermos y sus familiares y el trabajo admirable de los profesionales de la salud, responsables sanitarios y todos los trabajadores, cuidadores, voluntarios, capellanes, sacerdotes y quienes de tantas maneras influyen en esta misión de esperanza que es misión de esperanza y requiere, por tanto, misioneros de la esperanza.