✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León
«Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación» (Mc 16,15). Damos gracias a Dios por vuestra historia de misión, historia de buena noticia y caridad, en la que habéis sido testigos y misioneros de que para Dios todo es posible, como mostró a través de Pablo de Tarso y muestra en nosotros si estamos urgidos por la Caridad de Cristo y nos dejamos ungir por el Espíritu para evangelizar a los pobres.
A todos los miembros de la Congregación de la Misión, a las Hijas de la Caridad y a la gran familia vicenciana, la felicitación más entrañable de la diócesis de León y nuestra gratitud y reconocimiento por ser «Buena noticia y caridad» en medio del pueblo de Dios, formado por peregrinos de esperanza. En medio de los bautizados practicáis la predilección por los pobres, el servicio a la formación del clero y de otros bautizados, la impronta evangelizadora de las misiones… Lo hacéis de tantas formas creativas como el Espíritu y el amor de Cristo os inspiran e impulsan en la Congregación y en la familia vicenciana.
Por ello, agradecemos al Señor que el fuego de su amor, que encendió a san Vicente de Paúl para evangelizar, igual que al apóstol Pablo, siga hoy encendido en sus hijos e hijas esforzándoos por mantener viva la llama.
La Iglesia se enriquece con vuestro carisma y esta riqueza acrisolada con los siglos se plasma en la alegría con la que queréis celebrar vuestro 400º aniversario, volviendo al primer amor de Cristo, valorando vuestra historia y legado y mirando al futuro con esperanza para responder a los desafíos de estos tiempos en constante salida misionera, renovándoos y alegrándoos en la llamada a la misión y a la caridad.
Oramos por vosotros, para que continuéis esta historia de fidelidad carismática e, igual que Pablo, os dejéis descolocar por la luz que ilumina la senda para anunciar, de palabra y de obra, que Jesús es el Mesías y trae la buena noticia a esta tierra sedienta de salvación.
Oramos también para que recorráis nuevos caminos, abráis nuevas puertas para los humildes, nuestros señores, y sembréis de esperanza luminosa los sombríos lugares de la desesperación y de cualquier carencia. Esos serán los signos que os acompañarán junto a la inconfundible señal del amor fraterno que han de conocer los más posibles en nuestro mundo. Que, con vuestra riqueza carismática, los diocesanos de León recorramos, una y otra vez, la senda del seguimiento de Cristo que nos ha de llevar siempre a la casa de los pobres, como celebramos en la Eucaristía, mesa de fraternidad amplia y abierta. Confiamos y esperamos que así sea.









