2023 – Domingo 6ª Semana del Tiempo Ordinario | Campaña de Manos Unidas

«Frenar la desigualdad está en tus manos»

✠ Luis Ángel de las Heras, CMF
Obispo de León

Hermanos y hermanas la celebración eucarística es alimento de vida eterna. Tener este alimento imperecedero nos hace pensar muy seriamente en quienes padecen hambre en el mundo. Por eso, esta mañana nos sumamos a la Campaña de Manos Unidas para frenar la desigualdad.

No podemos sentarnos al banquete de la Eucaristía sin pensar en tantos hermanos nuestros que están padeciendo las necesidades más elementales. Al presentar la ofrenda ante el altar bien pueden reclamarnos el alimento para sobrevivir. Ayudémosles si queremos que nuestra ofrenda eucarística sea sincera. No nos conformemos con el cumplimiento mínimo de la ley sin aspirar a la plenitud que Jesús ha venido a traer y nos enseña con la sabiduría del Padre para crecer hacia el reino de los cielos y cumplir los preceptos en profundidad, no solo en la superficie.

Preceptos que nos tienen que llevar siempre a amar a Dios y a nuestros hermanos por encima de todas las cosas, de modo que seamos personas bien dispuestas a la reconciliación, al respeto, a la ayuda solidaria y a la transparencia coherente de que nuestro sí sea un sí y nuestro no un no.

Jesús nos enseña a hacer el bien al prójimo defendiendo la vida siempre. Hemos de cuidar la vida propia y la de nuestros semejantes; defenderla desde la concepción hasta la muerte ineludible, comprometiéndonos para que todos tengan vida: con derecho a nacer, con derecho a la alimentación, con derecho a los cuidados sanitarios, a los tratamientos y a los medicamentos, con derecho a estudiar e investigar, con derecho a un trabajo decente, con derecho a un hogar, con derecho a una vida digna.

Pedimos estos derechos sabiendo que está en nuestras manos frenar la desigualdad; hacernos conscientes y asumir estas convicciones con todas sus consecuencias. Dice el papa Francisco en Fratelli tutti: «Muchas veces se percibe que, de hecho, los derechos humanos no son iguales para todos. […] “Mientras una parte de la humanidad vive en opulencia, otra parte ve su propia dignidad desconocida, despreciada o pisoteada y sus derechos fundamentales ignorados o violados”. ¿Qué dice esto acerca de la igualdad de derechos fundada en la misma dignidad humana?» (FT 22).

La igualdad sigue siendo un desafío mundial que puede quedarse en discursos y lemas. Para los cristianos no debe ser así. No caigamos en la indiferencia y la comodidad por el hecho de tener lo suficiente, o estar instalados en la opulencia, mientras hay hermanos nuestros que siguen sufriendo por la falta de lo imprescindible para subsistir y vivir dignamente.

Renovemos hoy nuestra profesión de fe y fortalezcamos nuestro ánimo en el banquete eucarístico, seguros de que está en nuestras manos frenar y hacer desaparecer la desigualdad y, por tanto, el hambre en el mundo, como el resto de los dramas de la humanidad que camina hacia el Reino de Dios.

No olvidemos hoy tampoco a las víctimas de la guerra de Ucrania y de las demás guerras y a los muertos, heridos, familiares y todos los damnificados en el terrible terremoto de Siria y Turquía.

El Señor Jesús está de parte de los hombres y mujeres más pobres de este mundo. Pongámonos nosotros también de parte de ellos, es decir, de parte de Dios.

Amén.